Recuperar "la imagen de Dios en los rostros humanos": Monseñor Edwin Kraütler

Participantes BrasilOCLACC.-, "Anunciar la Buena Nueva a los pobres" significa derribar uno de los muchos muros de separación que la sociedad permitió construir no solo entre países, si no también en el interior de cada Estado y persona", expresó Monseñor Edwin Kraütler, Obispo de Xingu, Brasil, en su conferencia magistral sobre "Evangelización: Comunidad misionera para la humanidad", en el último día de reflexiones en el CAM3-COMLA8 que se cumple en Quito, Ecuador.

El obispo brasilero inició su ponencia formulándose dos preguntas: ¿Qué significa anunciar el Reino de Cristo frente a los grandes problemas que amenazan la humanidad? Y, ¿Cómo transformar nuestra propuesta en un lenguaje secular, para que el siglo XXI la entienda como suya, mordente, enraizada en sus contextos y, al mismo tiempo y, al mismo tiempo, abierta al Transcendente?.

Según dijo, la relevancia de la comunidad misionera brota de la ‘naturaleza misionera de la iglesia. Como cristianos nos olvidamos de esta naturaleza de esta esencia de la iglesia, por estar muy cerca al poder económico, político, cultural y religioso. Por esta razón la conferencia de Aparecida y la Conferencia Episcopal de Brasil enfatiza en sus directrices generales que diseñan una iglesia que vive en estado de misión.

Esta misión no es una misión que nos cae del aire sino que está ‘como en todos los tiempos- marcada por los desafíos de nuestro tiempo, por los problemas centrales de la humanidad en este inicio del siglo XXI, agregó Monseñor Kraütler, para quien la democracia liberal no garantiza una participación satisfactoria de los pobres y excluidos, y el fracaso de la justicia en los países latinoamericanos está marcado por la corrupción.

La polarización económica de la sociedad mundial, la explotación y el olvido de las necesidades de los pobres y excluidos, la devastación de la naturaleza y de la biodiversidad, la negación y disolución de la diversidad de la interpretación del sentido de la historia humana, son expresiones del fracaso del modelo económico liberal y socialista, subrayó el obispo brasilero, quien destacó por el contrario las fortalezas del modelo equilibrado de la economía indígena y campesina.

La respuesta por parte de la iglesia debería enfocar tanto el paradigma de la liberación como el de la inculturación, dice, para lo cual la iglesia católica debe dejar atrás la visión teológica monocultural y encaminar una visión de la diversidad cultural de sus iglesias. La iglesia puede proporcionar una alternativa a la globalización, en particular al proyecto hegemónico de la economía y cultura occidental, mediante la defensa de la diversidad cultural y religiosa sin que se olvide de la universalidad de la iglesia y su propuesta de salvación o liberación que se cristaliza en Jesucristo, señala.

En su conferencia, Monseñor Krautler enfatizó que "El Jesús histórico y el Cristo resucitado construye la unidad a partir de la asunción y de la articulación de la humanidad mutilada en sus contextos y en los confines del mundo". La iglesia católica, por lo demás, tiene que recordar que ella hace parte de la ‘católica unidad del pueblo de Dios' pero que no es idéntica a ella. También los otros creyentes en Cristo y la humanidad pertenecen a esa ‘católica unidad'. La justicia de la resurrección no es privilegio de una u otra denominación cristiana sino de todos y todas que se inspiran en el gran ejemplo que nos representa Jesucristo, subraya.

Insistió que la comunidad misionera, fortalecida como comunidad de amor y de solidaridad ‘a dentro', necesita brindar y necesita confiar en su testimonio gratuito, en evidente oposición al dominio comercial del mercado, y tiene que recordar que es tanto casa de los pobres como abogada de la justicia de los pobres.

"Derribar muros, marcados por la "corrupción del pecado", significa recuperar la imagen de Dios en los rostros humanos y la comunicación libre entre iguales y diferentes".

La gratuidad debe, necesariamente, expresarse en la simplicidad institucional que contrasta con la pretenciosa complejidad del mundo moderno. El Espíritu Santo es un espíritu siempre perturbador del orden social establecido y acompañará a la iglesia en su misión de despertar la esperanza en medio de las crisis, en despertar la esperanza de los pobres, porque como dice la Conferencia de Aparecida, si no hay esperanza para los pobres, no tendrá para nadie, concluyó.