Los misioneros deben encarnar la utopía de un mundo mejor, dice Cardenal Rodríguez Madariaga

Cardenal Rodrígez MadariagaOCLACC.- Convertirse en discípulo de Jesús implica la experiencia de un renacer, un intenso proceso de conversión, de tal forma que el cristiano rehúsa a sus antiguos vínculos prioritarios con su familia, con sus amigos y con sus anteriores ocupaciones y trabajos, para dar la prioridad al parentesco con Cristo, con los hermanos y hermanas de la comunidad cristiana y a la construcción del Reino de Dios, expresó el Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, en su exposición inicial durante el primer día de reflexiones del CAM3-COMLA8, que comenzó en Quito.
Según explicó, los que quieren ser discípulos de Jesús, necesitan ser instruidos en la fe, como María, quién antes de actuar, antes de apoyar a su hermana Marta en el servicio a los visitantes, prefería la palabra de Jesús, sentada a sus pies.
El cardenal considera que la relación típica entre el discípulos y su maestro, de escuela rabínica de los tiempos de Jesús, en que los alumnos escogían a su maestro se había invertido con Jesús, quien por el contrario escogía a sus alumnos; es decir que Jesús tomaba iniciativa.
La misión de los discípulos cristianos está enraizada en la vocación que se origina en el llamado de Dios, y se puede especificar según su estructura trinitaria, del acto de creación del Padre, el Hijo que nos enseño vivir según su voluntad y el Espíritu Santo que nos encamina en nuestra misión como discípulos, dijo el Cardenal Rodríguez.
Para el purpurado hondureño, un verdadero discípulo está dispuesto a dejar atrás sus anteriores preocupaciones para entregarse al seguimiento de Jesús, aunque advierta que encontrará también oposición al mensaje del evangelio. En momentos extremos, este discipulado puede hasta exigir la entrega de la propia vida por la necesidad de defender al mensaje del Maestro.
El camino al seguimiento -explica el cardenal Rodríguez-  exige confianza y humildad en recordar, inculcar y practicar los preceptos de Jesús y de imitar su vida ejemplar cimentado en la fe en el verdadero Dios. Una importante expresión del seguimiento de Jesucristo es la práctica de la caridad, la caridad entre los cristianos como símbolo de una verdadera hermandad, como los no creyentes lo comentaron de las primeras comunidades eclesiales, subraya.

Agrega también que el seguimiento de Jesús incluye la caridad con los que están afuera de la comunidad cristiana como expresión de la bondad de la 'Buena Nueva' y de la construcción del Reino de Dios. El seguimiento se expresa, por lo demás, en la consagración del cuerpo y sus sentidos a Dios para evitar herir a nuestras hermanas y hermanos, contrariando a los preceptos del evangelio.

La vocación del discípulo, la vocación misionera, concluyó cardenal Rodríguez, está íntimamente conectado con la dimensión profética de nuestra fe. Como los profetas, los misioneros y misioneras deben encarnar la utopía de un mundo mejor, la utopía que está contenida en la Biblia de una nueva creación y que ya adquirió su verdadera realización en nuestro señor Jesucristo. Las personas olvidadas, los pobres y marginados, la cruda expresión del inacabado de nuestra creación, son los que más necesitan ser atendidos por parte de la iglesia. La vida misionera necesita ser enraizado en la espiritualidad y debe nutrirse de una intensa práctica de oración de de lectura de la Escritura para buscar los verdaderos designios de Dios, dijo.

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