Los jóvenes guiados por el espíritu aprenden a ser misioneros en comunidad

 

jovenes  OCLACC.- "En la escuela del maestro los jóvenes guiados por el espíritu aprenden a ser misioneros en comunidad", fue el tema sobre el cual se reflexionó durante el segundo día del foro "misión y juventud", que se desarrolla en el Tercer Congreso Americano - CAM3, que se lleva a cabo en la ciudad de Quito, Ecuador.

Para el Padre Foster Cerda, de El Salvador, en esta escuela se favorece un ambiente en que jóvenes, discípulos privilegiados de hoy, experimentan de cerca la presencia de Jesús en sus vidas, en la de sus familiares y amigos, en el colegio, comparten con él su amor y amistad, escuchan sus palabras, encarnan sus enseñanzas y, sobre todo entran en comunión e intimidad con él, no solo a nivel personal sino, sobre todo comunitario. Los jóvenes hacen camino para encontrarse con Jesús, con ese Jesucristo vivo que está a la espera de cada uno de nosotros, dijo.

Esta experiencia permite establecer una relación muy cercana e íntima entre Jesús y los jóvenes, porque se relaciona con un Jesucristo vivo, a través de una formación espiritual misionera.

La formación misionera hace referencia a la tercera parte del documento de Aparecida: en ser discípulo y convertir a la iglesia en una comunidad más misionera en la que se viva y se sienta el discipulado con Jesús, en el que se profundice su amor en los pueblos y nuestras culturas.

"Sois jóvenes de la Iglesia -les decía Benedicto XVI en Sao Paulo-, por eso los envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes que andan errantes por este mundo como ovejas sin pastor. Y para ello, el joven cristiano de hoy debe formarse adecuadamente, observar los mandamientos de Dios, hacer de la castidad dentro y fuera del matrimonio un baluarte, recorrer los caminos de la vida de la fe, de la oración y de la praxis sacramental como caminos de intimidad con Dios y ardor apostólico.

Ser joven es un don -una inmensa riqueza- y una tarea en servicio de los demás y en donación a los demás de esta misma riqueza- Los jóvenes nunca pueden decir basta, pues la caridad de Dios es infinita y nos pide y nos exige ensanchar nuestros corazones para que en ellos quepa siempre más amor, más bondad, más comprensión por nuestros semejantes y por los problemas de nuestro mundo y de nuestra Iglesia, "nadie puede decir Abba, si no es por impulso del Espíritu Santo".

Todos los y las jóvenes estamos invitados a este llamado y vivir como misioneros en comunidad.