Franciscanos entre los más pobres

OCLACC.- Los dos hermanos brasileños de la congregación conocida como de la toca de Asís caminan rápido por la multitud que se ha congregado en la gran Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en donde se lleva a cabo el CAM 3. Van pie descalzo y visten con un hábito franciscano que refleja la austeridad en la que viven. Caminan con paso presuroso, y me cuesta alcanzarles para mantener un diálogo. Por fin logro bloquearles el camino antes que de que abandonen el ágora para proponerles una entrevista. Los dos me cuentan que les falta todavía conseguir su acreditación para movilizarse tranquilamente por las actividades del gran encuentro que quiere concretizar la gran misión en el continente latinoamericano.
Mientras le pregunto a uno de los hermanos, quienes están cerca se juntan con interés para escuchar el diálogo, atraídos seguramente por su sorprendente atuendo; una pareja misionera laica y una señora encargada de los cursillos de cristiandad permanecen tras de mi escuchando al entrevistado sin que yo me percate.
El Hermano Amado cuenta que la congregación está un año y medio en Quito, y que por ahora lo conforman seis hermanos, todos ellos brasileños. Como congregación se inspiran en la espiritualidad de San Francisco y su ejemplo de amor a la iglesia, de amor al Santísimo Sacramento y su amor por los pobres. San Francisco, dice amado, es para el una luz de Dios, un ejemplo de oración encarnada, por su vida comprometida, porque todas sus actividades y decisiones las hizo inspirado por su continua práctica de la oración. Solo Dios, solo el continuo contacto con Dios, puede movernos para emprender la caridad, dice.
Los seis hermanos recorren las calles de Quito para apoyar a las personas que viven allí durante el día e intentan dormir en la calle en la noche; personas que no disponen de casa o que ya no les importa tener un hogar propio. Las personas en la calle sufren mucho, aclara el hermano, y no tan solo en el cuerpo, la mayoría de ellos sufren de profundas llagas a nivel psicológico y espiritual.

No compartimos solamente comida sino también las necesidades del alma, aclara Amado. "En la noche les llevamos un café, un pan, una sopa y durante el día también les visitamos, procuramos apoyar en afeitarles y en recortarles las uñas. Les consideramos como hermanos de nosotros, por ello les llamamos hermanos de la calle y por ello vivimos con ellos como una familia. A los que están muy mal les hospedamos en nuestra casa en el barrio la Tola; muchos que viven con nosotros ya vienen muy mal de salud.

Explica que la congregación solo tiene 14 años de fundación y que la comunidad fue fundada por el padre Roberto. En estos años hemos crecido en tal forma que hoy tenemos 120 comunidades en Brasil, estamos en casi en todas las provincias, y tenemos nuestras casas en las principales capitales. Con todos los aspirantes y novicios y profesos nuestra congregación llegará hoy a unos 2000 religiosas en el Brasil, señala.
Según agrega, la congregación comenzó a enviar sus religiosos a otros países en América Latina. Ahora estamos ya en Quito y en Bogotá, y próximamente llegarán a Lima; además tienen ya el permiso del arzobispo de Guayaquil, pero depende todavía de la congregación si llegarán allá, cuenta.

El fundador de la congregación Padre Roberto, que aún vive, fue seminarista y comenzó a visitar a las personas de la calle, a compartir con ellos, y de allí arrancó la inspiración de la congregación, aunque él nunca pensó en fundar una fraternidad.

Los hermanos no pertenecen a alguna de las tres ramas tradicionales de los franciscanos y son reconocidos por la iglesia católica como los Hermanos Hijos de la pobreza del Santísimo Sacramento. "Pero sí nos consideramos seguidores de San Francisco, vivimos de su inspiración. Por nuestro trabajo con los laicos nos conocen en Brasil más como el Toque de Asís, lo que quiere decir la gruta, o el hogar, de Asís. Hay muchos laicos que nos apoyan en nuestras tareas, pero somos una congregación religiosa". Dice además que en Quito ya hay "varias personas que están interesadas para entrar en la hermandad".
El Hermano Amado tiene ahora 24 años, entró a la fraternidad a los 17 años. "Como todos los jóvenes busqué una radicalidad en mi vida, pero no lo encontré en mi vida anterior, hasta encontrar esta radicalidad religiosa, esta verdadera libertad en la comunidad. Por mi vida anterior necesitaba un cambio radical y la vida en una comunidad como esta", confiesa.

Nosotros hacemos cuatro horas de oración al Santísimo al día. Aspiramos a una vida de santidad, pero como Francisco, como lo hizo él, no por la crítica, y hablando malo de los ricos, por ejemplo. Consideramos que nosotros no debemos buscar que los otros se hagan pobres: nosotros mismos, yo mismo tengo que ser pobre, para poder ser un símbolo para los otros.", concluye.
Entrevista Jos Demon-OCLACC