"Dar la vida por los demás, en cada momento" debe caracterizar al discípulo y misionero, según Cerviño

OCLACC.- "Una comunidad que no es capaz de vivir el mandamiento nuevo de Jesús" de amarse "los unos a los otros" como Él nos amó, "nunca será misionera, ya que no tendrá nada para ofrecer y dar", señaló el misionólogo laico argentino Lucas Cerviño, al comentar la conferencia principal sobre "Discipulado: comunidad discípula de Jesús" que pronunciara el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Madariaga, la mañana de este miércoles.

Cerviño, que tiene una rica experiencia misionera como laico miembro de un Movimiento eclesial, señaló que toda "comunidad-misionera" debe "superar los particularismos (sean estos de tendencias teológicas, de pertenencias eclesiales, de grupos sociales, etc.)", recordando lo expresado por el apóstol Pablo que pidió a los cristianos de la naciente comunidad de Corinto de que no haya "divisiones" porque Cristo no está dividido.

Para el misionero argentino, "La comunidad-misionera es capaz de alimentarse continuamente del Resucitado, fuente de vida nueva. Como las primeras comunidades cristianas que "acudían asiduamente" a la fracción del pan y a la oración, pero también compartían sus bienes materiales como espirituales, con el anhelo ferviente de "ser un corazón y un alma sola".

Según puntualizó, las comunidades-misioneras podrán ser "casas y escuelas de comunión" para sus integrantes y para la humanidad, a partir "de una triple comunión con Jesús Eucaristía, con Jesús en la Palabra de Dios y con Jesús en cada prójimo".

"Sólo comunidades profundamente unidas pero a su vez abiertas a todas, todos y todo; impregnadas de relaciones fraternas y no autoritarias, y en contacto con la realidad serán capaces de formar, hacer brotar y madurar, discípulos misioneros capaces de saber navegar mar adentro en la complejidad de nuestro mundo actual", dice Cerviño..

En su comentario, Cerviño se refirió a los desafíos que deben vivir los discípulos y misioneros, partiendo de la necesidad de asemejarnos a Jesús, a través de "una continua y renovada conversión para reconocer y sentir a Dios que viene a nuestro encuentro en cada prójimo, en la Palabra de Dios (meditada, pero sobre todo puesta en práctica), en la Eucaristía, en la historia de nuestros pueblos", subrayó.

"Dar la vida por los demás, en cada momento. O sea, amar como Dios nos ha amado: amar a todos sin hacer distinción por cultura, religión, genero, etc.; amar por primero yendo al encuentro del otro/a, sin esperar el primer paso de los demás; ser capaces de amar incluso al enemigo, como nos invita el evangelio; amarnos recíprocamente para experimentar nosotros y los demás, la plenitud del amor, como en el Trinidad" es, para Cerviño uno de los desafíos de los discípulos y misioneros.

Finalmente, señaló que "el mandato misionero que el mundo de hoy exige es el expresado por San Juan: "De esto reconocerán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros como yo los he amado." Entonces el primero y constante anuncio es testimoniar, como comunidad (parroquial, juvenil, familiar, de base, etc.), que es posible, en nuestro mundo de hoy, vivir de otra manera: superando el individualismo que promueve relaciones enmarcadas en el poder de unos sobre otros, en el acumular la riqueza sin medir consecuencia, en la búsqueda del placer haciendo del prójimo un instrumento.

Según insistió, "la comunidad y el discípulo misionero", al ser "testigo creíbles del Amor de Dios, despertará en los demás el interés por el Dios de la Vida que nos impulsa a una evangelización de la liberación de toda opresión, no sólo socio-económica, sino también religiosa, y la de los prejuicios, estereotipos y discriminación, que cada vez más van dividiendo nuestras sociedades".

Con la exposición central sobre el discipulado concluyó la jornada matinal de este miércoles 13 de agosto, en el Tercer Congreso Americano Misionero que se extenderá hasta el domingo 17.

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