El debate en Ecuador alrededor de la conveniencia del papel de de la iglesia en la educación pública fue incentivado por la prolongación del estatuto ‘fisco misional’ de determinadas congregaciones religiosas en los ‘territorios de misión’, como algunos partes de la sierra y de la costa, y gran parte de la Amazonía. Publicamos aquí dos puntos de vista, una de Myriam Valdivieso, defendiendo a la educación laica y otro por parte de José Marmol a la defensa de la labor educativa de las congregaciones misioneras.
Respuesta a Myriam Valdevieso
José Marmol, OCLACC
Estimada Myriam:
No sé si esta respuesta mía puedas llegar a leerla. Sin embargo siento la necesidad de expresar algunas palabras que me ha suscitado la lectura interesante de tu artículo fresco y cuestionador.
No sé si me recuerdes. Pero eso no tiene importancia. Debes saber que ante todo soy un cristiano que pretendo vivir mi fe también como una rica herencia familiar, pero que ha ido creciendo e ilustrándose en el día a día, con lecturas no solo doctrinarias o teológicas, sino, sobre todo, interesándome por vivir el Evangelio de la solidaridad, la justicia, la libertad, la paz; por procurar ser constructor, desde mis flaquezas y debilidades, de la sociedad en la que todos seamos iguales; por construir con mis pequeñas acciones, actitudes y compromisos el Reino de Dios en esta tierra en que vivimos. Soy de los que creemos que la vida digna para todos y todas o la búsqueda del bien común de que habla nuestra doctrina social de la Iglesia, está reflejada en la nueva constitución que nos cobija a todos y todas.
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El documento final cuya publicación autorizó el Papa y que ha sido acogido para la reflexión y meditación en las Iglesias particulares de Latinoamérica y el Caribe, señala el horizonte pastoral con sugestivas expresiones que animan a quienes se empeñan en la reflexión de la Teológica sobre la comunicación y la misma Pastoral de las Comunicaciones.