Walter Moschetti*
El planteo inicial que hacemos al buscar el perfil del comunicador católico es preguntarnos “Quiénes somos?”. Tan valioso es identificar esta identidad propia, que nos sitúa como cristianos comprometidos en la tarea evangelizadora de la Iglesia, que determinará nuestra acción y hará que nuestro compromiso sea más conciente, y de allí, más efectiva nuestra tarea.
La realidad relativamente nueva de la comunicación social en la vida del mundo y de la Iglesia, hace que muchas veces no estemos situados como comunicadores católicos dentro de la Pastoral orgánica de la diócesis, o incluso de nuestra parroquia, movimiento o institución. Es más fácil identificar y nuclear a catequistas, voluntarios de Cáritas, ministros y colaboradores de la liturgia, que a los que estamos realizando nuestro apostolado utilizando los instrumentos de la comunicación social. Busquemos nuestro lugar, organicemos nuestra pastoral, tan vinculada con las demás pastorales, encontrémonos para compartir nuestra tarea, seamos factores de comunión y unidad en nuestras comunidades.
Esta es una tarea propia de nuestra misión. No podemos ser cómplices de la gran obra diabólica de la división. Nuestra comunicación debe expresar nuestra comunión. A la vez, la comunicación, favoreciendo el encuentro, el diálogo, la apertura, el conocimiento, genera en su entorno, comunión. Estamos llamados a ser instrumentos de unidad en la Iglesia.
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Releeremos los Salmos a la luz de la revelación dada por Jesucristo. Imitaremos a nuestro Maestro que también los rezó: cfr. Lc.2,41-42; Mt.26,30; 27,46; Lc.23,45; Jn.19,28.
En la Iglesia por años la mujer ha sido colaboración silenciosa, paciente y lamentablemente desvalorizada. Esto, no disminuye en nada su riqueza, ni su aporte, y aunque se diga que no es tan evidente la importancia de la presencia femenina y su espacio dentro de la Iglesia, esto no es tan cierto. Asegurar esto sería como decir que Cristo no murió por todos, solo porque algunos no creen en Él.