Seguimos en este sitio con aportes alrededor nuevas formas de concebir el bienestar y el desarrollo de nuestras naciones, en particular con relación al medio ambiente, y su relación con la fe cristiana, y la nueva evangelización del continente propuesta por la conferencia de Aparecida.Esta vez publicamos un aporte del teólogo Pedro Hughes asociado al Centro Bartolomé de las Casas en la ciudad de Lima.
El ensayo es un resumen de la ponencia del autor en el taller Comunicación, Cultura y Misión, que fue celebrado en junio 2008 en Lima, con el apoyo de una variedad de instituciones católicas y cristianas.
Otros aportes:
El anuncio del Reino y la ‘vida buena’
El ‘buen vivir’ y las cesuras del desarrollo
La crisis actual del ambiente y la situación precaria del planeta, debidas al proceso acelerado del calentamiento global, se han convertido hoy en un tema moral para la humanidad. Nuestra civilización no vive en armonía con el orden natural. La relación es agresiva, destructiva y se encamina a consecuencias inimaginables si el proceso actual no es frenado.
La prestigiosa organización científica, el Panel Internacional sobre Calentamiento Global (IPCC), declara que se dispone de 15 a 20 años para poder frenar el proceso actual de las emisiones de dióxido de carbono en el atmósfera y evitar el acercamiento al punto de no retorno (Tipping Point) de los efectos desastrosos de los deshielos en ambos polos del planeta, el Ártico y el Antártica. Ya no tenemos el lujo de no actuar declara Al Gore en el documental Una Verdad Incomoda. Para muchos es el problema más serio que afecta la humanidad y la Tierra. Exige una respuesta global decisiva, inmediata y eficaz. Con justa razón, los obispos en Aparecida presentan el problema como de primer importancia para la Iglesia y la conciencia cristiana.
Desde la perspectiva de la fe, la creación es a la vez don de Dios y responsabilidad humana. Por lo tanto, contemplar la creación invita una actitud de dar gracias al Creador y asumir responsabilidad de cuidar el don que recibimos. Este aprecio de la creación es expresado en Aparecido como el reflejo de la sabiduría y la belleza del Logos creador (470). La visión cristiana está anclada en el vínculo entre el mundo creado y el Dios creador y providente; es expresión, lenguaje, el soplo que revela y recuerda al Creador. Hablar de la creación como reflejo de la sabiduría y la belleza de Dios es un llamado a contemplar el orden natural como una obra que continúa, un proceso dinámico, siempre nuevo. La ciencia y la espiritualidad se abrazan, se enriquecen.
Los obispos afirman que la creación es nuestra Casa Común, es el espacio donde Dios realiza su alianza con la humanidad. Hay una relación intrínseca, trinitaria entre Dios, el orden natural y la responsabilidad de los humanos. Los Salmos cantan las alabanzas a este Dios que crea la maravillas, la tierra, el sol, la luna y las estrellas, el Dios creador y al Dios que sacó de Israel a su pueblo con mano fuerte y tenso brazo, el Dios que libera (Sal.136,4-12). Cuidar la creación, proteger la casa común de todos implica una relación racional e armónica con la naturaleza, enraizada en la justa distribución de los bienes de la tierra en beneficio de todos, con atención especial para los pobres, los débiles de la familia humana. La ecología y la economía se entrelazan. La defensa del ambiente, no puede separarse del tema de la justicia, de la necesidad de un orden económico, político y social que garantice condiciones de vida humanas para todos. El Dios providente creador es el mismo Dios que libera de la destrucción de la muerte.
Los pueblos indígenas del continente perciben la naturaleza como una herencia gratuita (471), el continente posee una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica socio diversidad representada por sus pueblos y culturas (83). Sin embargo somos testigos como esta herencia gratuita se convierte ahora en herencia frágil frente la invasión de los intereses económicos poderosos que explotan los recursos naturales de una forma irracional y rapaz. El modelo de desarrollo económico no es sostenible. La riqueza natural de América Latina y El Caribe experimenta hoy una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación, e incluso la muerta, por toda nuestra región (473), pone en peligro la vida de millones de personas y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas, una ofensa al Creador, un atentado in-definitivo contra la misma vida (125).
Desde la perspectiva de la fe, el planeta herido actual es expresión de pecado social. Los obispos repiten de nuevo uno de los grandes temas que han marcado el camino de la Iglesia de América Latina desde Medellín: la denuncia de estructuras económicas injustas, como violencia institucional que no permite condiciones de vida humana para las mayorías. La fidelidad al Evangelio, acoger el don del Reino anunciado por Jesús nos invitan optar por los pobres, asumir su causa para construir una sociedad justa.
Cabe recordar que el mandato bíblico de Génesis, “cultivar y cuidar la tierra” (Gn.2,15) fue trágicamente tergiversada en una interpretación negativa y destructiva de “dominar” la tierra sin sentido de responsabilidad de los límites y fragilidad de la misma naturaleza. La civilización actual, producto de la Ilustración y la industrialización abandonó el cuidado de la creación en favor de una relación agresora y destructiva.
Hoy tomamos conciencia de esta separación entre el hombre y el orden natural. Urge emprender el camino de la reconciliación, la reintegración y el respeto por la tierra para implementar el sentido auténtico del señorío encomendado por el Creador al hombre.
Los obispos hacen una llamada precisa a los cristianos para asumir su responsabilidad frente la creación: debemos contemplarla, cuidarla y usarla (125). La tierra es la matriz de la vida para todos. Alabar a Dios significa poner coto a la depredación irracional de los bosques, especialmente de la Amazonia; de los deshielos de la Antártida y los Andes y los efectos desastrosos que esto tendrá dentro de pocos décadas (87). La Iglesia tiene la responsabilidad de levantar la voz profética frente esta situación para ser fiel a su identidad, abogada de los pobres y de la justicia, frenar la destrucción del orden natural, defender los derechos de los pobres y proclamar el destino universal de los bienes de la tierra en contra de los abusos y atropellos.

UNA BUENA REFLEXIÓN SOBRE RECONOCERSE CRIATURA