¿Qué espera la iglesia de las Facultades de Comunicación?

¿Qué espera la Iglesia de las Facultades Católicas de Comunicación?
Claudio Maria Celli

 

 

 

Publicamos aquí un resumen de la conferencia que Claudio Maria Celli, Presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, pronunció en la Universidad Pontificia de Salamanca, el 22 de mayo de 2009.

El arzobispo arranca desde la pregunta de las esperanzas que la Iglesia católica debe depositar en las Escuelas y Facultades de Comunicación. Para diseñar un nuevo estilo y un nuevo orden de madurez crítica, arguye, es necesario tener una clara conciencia del contexto sociocultural de hoy, que experimenta -o más bien hipotetiza- la ausencia de Dios. Es un ansia de (auto) superación que dirige sus impulsos hacia la finitud y la compasión respecto de lo finito y que refleja una fidelidad a lo limitado, al presente, verdadero polo de atracción postmoderna. A partir de aquí se llega a la desintegración de las epistemologías y a un concepto líquido de la verdad, que ya no tiene apertura para lo que se considera absoluta.

Habrá que repensar nuestra capacidad de comunicar como “narradores” significativos y cualificados respecto al mundo contemporáneo, que se comprueba distraído y con frecuencia indiferente. Por ello fuese de vital importancia que las facultades de comunicación valoricen y enseñen a la capacidad narrativa, ayudando a las generaciones jóvenes a redescubrir el impacto sociocultural de las narraciones. Se requiere una nueva “creatividad cultural” ante la actual vivencia fragmentada en la que desaparece el sentido del grupo-comunidad (familiar y afectivo) y prevalece el de una individualidad ligada en diversas direcciones. Para ello las facultades de comunicación requieren analizar, estimular y avivar la recuperación del sentido religioso en el discurso social desde una intensa y sinérgica colaboración con las ciencias sociales.

Ell papa Benedicto XVI está llevando a cabo una tarea para la que necesita la colaboración de las universidades católicas, y es el de aclarar que fe y razón no son enemigos sino que necesitan de su mutua sintonía y ayuda. Otro tema en que insiste el papa es que un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, confortar, pero el valor último de cualquier comunicación reside en su veracidad, en su dedicación al tema de la verdad. Al mismo tiempo, añade Claudio Celli, se deberá ofrecer una comunicación “que escucha”, proporcionada a las categorías y registros expresivo-receptivos del interlocutor, capaz de comprender y hacerse comprender, de acoger y ser acogida. Por ello los comunicadores necesitan ser tenazmente convencida de la inalienabilidad de los valores absolutos de la vida, de la justicia social, de la paz, de la solidaridad y la generosidad.

Ellos tienen una alta responsabilidad social y deben ser capaces de tener el bien de las personas y de las comunidades como objetivo y criterio de ejercicio de su profesión y de su vida personal. La iglesia necesita profesionales que estén atentos a las desigualdades que ya existen y que aún pueden crecer con la brecha digital. Para todo ello habrá de ofrecer a los alumnos unas sólidas bases antropológicas, de modo que la ética emerja naturalmente de una visión del hombre en su integridad. Comprender y amar al ser humano, concluye el arzobispo, ayuda a dar el lugar adecuado a la tecnología que puede ampliar, acelerar y aligerar los procesos comunicativos, pero no estará en capacidad de sustituirlos.

Leer ponencia completa:

celli-cl-2009-que-espera-la-iglesia-de-las-facultades-catolicas-de-comunicacion

 

 

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