Jos Demon, Red ETC, OCLACC
La actual crisis financiera y otras crisis más, como la alimentaria y la ecológica, nos indican que algo a la raíz de la organización del actual sistema económico está mal. La injusticia y la ineficacia del sistema capitalista, la explotación e desigualdad que origina, ha sido la preocupación de Marx y de los socialistas que le antecedieron, y lo es para los que realmente se preocupan del actual estado de la planeta. La dinámica capitalista nos impuso un modelo depredador que sojuzgo gran parte del mundo y sus habitantes a otra mucha más pequeña; en que unos pocos acapararon la riqueza y los recursos que legítimamente pertenecen a las mayorías. La misma nefasta dinámica está acabando con los recursos naturales hasta la actual situación en qué estamos cerca de llegar al kimming point, al punto de sin retorno en la destrucción de recursos naturales y de la sobrevivencia humana.
Unos de los principales problemas de las mencionadas crisis es la actual ética de las empresas, que pretende tener sus leyes propias, al margen de lo que consideramos ética en otras dimensiones de nuestra vida humana. De tal forma que la ética que implementamos en nuestras relaciones interpersonales o mediante la jurisprudencia y las leyes estatales no pueda ni deba aplicarse al particular terreno de la economía. Supuestamente el mercado se rige por leyes propias que se definieron y que siguen especificándose en la teoría económica, la disciplina que acumuló tanto prestigio desde que escapó del confinamiento de la gerencia doméstica (oikonomia) o del amo de casa, que Aristóteles, con cierto desprecio, le había asignado.



