Epístola danbroniense

Jos Demon, Red ETC, OCLACC

 

 Recién se estrenó la película Ángeles y Demonios del escritor Dan Brown. La película fue dirigida por el mismo director y equipo que unos tres años atrás filmó la otra novela del autor El Código Da Vinci, uno de los libros más vendidos de esta década. Ambas películas colocan a la iglesia católica en el centro de atención. El padre John Wauck, de la prelatura del Opus Dei, profesor de literatura y comunicación de la fe en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma alega que la fórmula de Dan Brown para vender sus libros es ofrecer un cóctel de historia, arte, religión y misterio, y que hay solo un único lugar en el mundo actual donde se encuentran juntos todos estos ingredientes: en Roma y en la Iglesia católica.

Las críticas por parte de representantes de la iglesia a este libro y esta segunda película son menos severas que las que se expresaron con relación al Código. El padre Carlos Novoa SJ de la Universidad Javeriana en Bogotá comenta que con este libro Brown evita las pretensiones que tenía el anterior; es decir, las pretensiones de fundamentarse en documentos históricos, en este caso de una agrupación escondida que se encargó de preservar la historia secreta de Jesús y María Magdalena y de su descendencia. En Ángeles y Demonios, opina, el eje de la trama se centra en la disputa entre la ciencia y la religión, pero se entiende que se trata de una forma de ciencia ficción, y que en ese sentido el director de la película (¿y el escritor?) está en su derecho de mostrar las cosas a su modo.

La película se dedica, más bien, a promocionar la iglesia católica, como anota el padre Wauck, por aclarar su historia y sus costumbres, por ejemplo los procedimientos que ocurren cuando fallece el papa y los del conclave en que se escoge al nuevo papa. Y por presentar a sus representantes de forma equilibrada y razonable en la mencionada encrucijada de ciencia y religión. En el Código da Vinci la iglesia fue representada por un cardenal identificado con el Opus Dei que disponía de una persona dispuesta a eliminar a sus enemigos en nombre de la verdadera fe. En mi opinión, a esta nueva película le faltan los elementos que le hicieron controversial, y por ello atractivo, al Código. No es tan solo que se repite la misma historia del investigador detective religioso, en otros contextos, del monje o del padre detective, que se hizo tan popular desde la novela El nombre de la Rosa de Umberto Eco. El problema no reside en esta mezcla de géneros literarios que puede resultar muy iluminador como lo comprobaba Eco.

Ángeles y Demonios carece de este toque conflictivo que se siente en una novela como El nombre de la Rosa cuando representa a la iglesia medieval en todo su esplendor como guardián de sabiduría pero también en su aspecto destructor, defendiendo a su única y excluyente verdad, quemando, literalmente, los libros y al movimiento contestatario de los cataros. El Código da Vinci guardaba este toque controversial, aunque, eso sí admitido, con una evidente ausencia de sustento histórico y una elevada pretensión de desvelar ‘otra verdad’. Cuestionaba problemas claves de la historia de la iglesia -y de la actual iglesia- como su exclusión de la mujer, el valor de la sexualidad y del celibato y -considerémoslo como su mayor logro- incentivó a que revisemos la historia, en particular que revisemos y cuestionemos la historia ‘oficial’ de nuestra iglesia.

Es verdad que el Código no está fundamentado en una oportuna exploración de la historia, y que se lo ve muy dependiente de las actuales modas de espiritualidad que se expresan en las corrientes de la Nueva Era. Pero contiene otra verdad, que comparte con la Nueva Era, desde que se puede explicar gran parte de su éxito, y es que expresa los sentimientos e intuiciones del gran público que no entiende por qué se les excluye a las mujeres y porqué existe esta exagerada condena de la sexualidad y de la corporalidad en una iglesia que confiesa creer en la resurrección de la carne.

La voz del pueblo no siempre coincide con la verdad, esta vez entendido en el sentido religioso de la palabra, como ‘Vox Dei’, la Voz de Dios. Pero la voz de la jerarquía de la iglesia tampoco puede identificarse, así de inmediata, con esta Voz de Dios. Antes de molestarse, los representantes de la iglesia, y todos que se identifican con ella, deberían entender y respetar a esta voz profunda del pueblo que expresa importantes aspectos de, e importantes límites a, lo que podemos considerar como verdad religiosa

Entrevista con el padre John Wauck

Carlos Novoa SJ, en: Historia de Dan Brown al cine

Cuando el cine puede resultar ofensivo para los cristianos

….a comentar este nuevo libraco danbroniense…:
Clandestino Menéndez, Ángeles irrisorios

 

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