Es como si uno dejara de manejar a un avión monomotor, para pilotear un jet de 800 personas, que todavía no salió en el mercado, pero para la que ya hay que preparar los pilotos, los azafatas y los aeropuertos”.
Monseñor Pedro Barreto Jimeno SJ, Arzobispo de Huancayo.
Monseñor Barreto luce tranquilo en medio de la dinámica y el estrés del CAM 3 en Quito, donde se intentará concretizar la ‘nueva misión continental’ propuesta por la V Conferencia General de los obispos latinoamericanos en Aparecida, y donde él necesita dirigir uno de los dieciséis foros bajo el tema ‘Misión y Fundamentalismo’. El arzobispo de Huancayo demuestra una gran apertura y disponibilidad para responder a nuestros interrogantes alrededor el presente y el futuro de la iglesia en América Latina.
OCLACC: Monseñor Barreto, ya en Medellín la iglesia latinoamericana señaló que existía una gran contradicción en que nuestro continente con mayor población católica también representa a un continente de gran pobreza y de exclusión. ¿Hemos podido aportar algo al respecto como iglesia?
Mons. Barreto: En verdad es una gran contradicción que nuestro continente sea mayoritariamente católica y mayoritariamente pobre. Nuestro esfuerzo de evangelización resulta casi indigno ante la pobreza de nuestro continente. Sin embargo, necesitamos ser optimistas porque por la orientación del Espíritu Santo y la presencia viva de Jesús sabemos por donde va el camino, por donde necesitamos transitar como iglesia latinoamericana. Aunque es evidente que esta buena noticia tiene que encarnarse en un desarrollo integral y sostenible como ya lo propuso el mismo papa Pablo VI en la encíclica Populorum Progressio.
Yo diría que hay que despertar la fe dormida. A mi no me asusta que el número de católicos baje. Si baja es porque muchos de ellos son como una rémora dentro de una comunidad eclesial que se dice católica pero que no es consecuente con su fe. Por esto esta experiencia aquí en Quito es para mí como una irrupción del Espíritu Santo, como un nuevo Pentecostés. Estos apóstoles vivían con miedo y con las puertas cerradas aunque habían sido llamados y habían vivido en intimidad y amistad con Jesús. Creo que el gran cambio misionero que tiene hoy la iglesia en AL es abrirse como los discípulos en Pentecostés.
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