Tiempo de crisis, tiempo de esperanza
Simón Pedro Arnold o.s.b.
http://www.proconcil.org/document/VCELAM/ArnoldTiempocrisis.htm
En este ensayo el religioso Pedro Simón Arnold del monasterio benedictino de Chucuito, cerca de Punó en Perú, propone una lectura teológica de nuestro tiempo. Recuerda al Concilio Vaticano II y, en su huella, a las sucesivas conferencias del episcopado latinoamericano para poder interpretar a nuestros tiempos modernos, a la era ‘posmoderna’.
Arnold alude a una lectura apocalíptica de nuestro tiempo en que habrá que discernir entre los falsos y los verdaderos profetas. No está convencido de apostar en ‘los nuevos (y a veces no tan nuevos) movimientos’ religiosos en la iglesia por representar modelos demasiados burgueses del discurso religioso que no logran articularse con el mundo popular latino americano y por quedar corto ante las exigencias del evangelio. Tampoco confíe en las nuevas modas de la postmodernidad y su expresión espiritual en la corriente de ‘La Nueva Era’.
La actual crisis de las formas de religiosidad debería interpretarse como crisis profética, como una experiencia que nos invita, y nos obliga, a una verdadera conversión. La Iglesia necesita volver a una mística con profetismo, que renueva la opción los débiles y los pobres, y por la verdadera justicia, la valiosa herencia de la teología latinoamericana de la liberación. Aquella opción debería orientar, sobre todo, a la vocación de la Vida Consagrada y, por consiguiente, a la Conferencia Latinoamericana de Religios@s (CLAR).
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Queridos amigos y amigas,
Me es grato poder participar en este seminario que la Conferencia de Religiosos y Religiosas del Perú organiza en preparación a la quinta conferencia del episcopado latinoamericano y del Caribe. Refiriéndome al documento preparatorio del CELAM, me propongo centrar mi reflexión hoy en el punto IV que tiene como título: “Al inicio del tercer milenio”. Este capítulo, en efecto, plantea los grandes desafíos del momento presente al discipulado y a la evangelización de nuestro continente. Intentaré, en estas páginas, hacer una lectura teológica de nuestro tiempo, enfocando de manera específica el carácter de crisis como lugar de revelación.
Crisis y Revelación: una lectura apocalíptica
Podríamos decir, sin riesgo de equivocarnos que el evangelio, y, por lo tanto, la evangelización es, por definición y por vocación, una crisis de la Historia. En efecto, la Revelación evangélica no se presenta como un mensaje o un acontecimiento que caería del cielo, sino como una irrupción desde el seno mismo de la tierra, de la Historia humana. Con la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret, la novedad surge de las entrañas de la tierra, como lo evocaba ya, en términos tan bellos, el salmo 84: “La verdad germinará de la tierra”.
Es por este motivo que Jesús nos invita a leer los signos de los tiempos y que los ángeles de la Ascensión, en los Hechos, reprochan a los discípulos de tener la mirada fija en los cielos. El Concilio Vaticano II y, en su huella, las sucesivas conferencias del episcopado latinoamericano en el pasado, fueron precisamente un acto de retorno a la encarnación evangélica y un ejercicio de lectura de la historia como revelación.
Esta lectura de los signos de los tiempos tiene que ver con la inauguración del Reino en germen en medio de la humanidad y del cosmos. Esta inauguración, en sí, está articulada con la crisis de la historia que provoca el “acontecimiento Jesús”. En el Nuevo Testamento, existen dos modalidades de discernimiento del Reino. La primera aparece en el discurso inaugural de Jesús en la sinagoga de Nazaret, en Lucas 4. Los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. El cambio de la situación de los oprimidos de todo tipo es signo por excelencia de este comienzo de lo nuevo, como nos dice también Pablo en la segunda los Corintios[1]. Pero el surgimiento del Reino tiene también otra clave de lectura desde el Apocalipsis: aquí el creyente discierne el inicio del mundo nuevo de Dios en la prueba y la persecución.
A través de estas dos modalidades del anuncio, podemos decir que la Revelación evangélica es una cierta lectura de la crisis: crisis del cambio radical de las relaciones y estructuras sociales en el proceso de liberación de las victimas de la historia, o, en palabras más modernas, crisis revolucionaria; crisis apocalíptica donde la misma opresión, el martirio, la prueba es reconocida como el dolor de parto de lo Nuevo.
Si nos referimos a la teología latinoamericana en los treinta últimos años, podemos decir que la clave de lectura privilegiada de la historia de nuestro continente fue la revolucionaria, especialmente descifrada con la simbólica del Éxodo. Desde varios años, sin embargo, intuimos, con una evidencia cada vez más cruel, que los tiempos han cambiado y que la crisis de tipo revolucionario ya no da cuenta de la realidad y no permite más discernir los signos de este tiempo.
En un primer momento se intentó comprender esta nueva etapa con categorías exílicas: al pasar de la modernidad a la postmodernidad, estaríamos transitando de una experiencia de liberación de Egipto a la manera del Éxodo, hacia una experiencia de pérdida y fracaso a la manera del Exilio en Babilonia. Pero, a la reflexión, y ante el desarrollo de las nuevas lógicas de la sociedad globalizada, de la postmodernidad y del mercado neoliberal mundial, me parece hoy que hemos entrado, más bien, en otra etapa de la Historia de nuestros pueblos que se aproximaría mejor con la crisis apocalíptica.
La crisis profética como experiencia de conversión
Se sabe que la matriz del profetismo es siempre una crisis moral, religiosa y socio política del pueblo de Israel. El profeta surge, desde Moisés o Elías hasta Juan Bautista y Jesús, cada vez que el derecho de Dios es despreciado en el pobre, el pequeño y el débil. Es en este contexto que el Dios de los profetas es el Dios Goél que protesta ante el culto de los Baales, el desprecio del poder político y religioso ante las reglas morales y sociales de la Ley. En esta situación, Dios toma partido por las víctimas. Profetismo y crisis van, por lo tanto, siempre de la mano.
Pero, a su vez, el profetismo que nace en la crisis, se presenta como lo que podríamos llamar “la crisis de la crisis”. En el lenguaje bíblico, esta crisis profética se llama conversión, literalmente: cambio radical. El profeta se presenta, en su persona, como un convertido en contexto de crisis, un “cambiado radicalmente” y, además, como un agente poderoso de conversión, de cambio radical.
En contraste con esta “identidad crítica” del verdadero profeta, el falso profeta es aquel que defiende el estatus quo, el promotor o el encubridor del continuismo de la injusticia y de la inmoralidad. Jeremías explica esta lectura muy claramente cuando pone como criterio del verdadero enviado que se cumpla su palabra[2]. En efecto, el verdadero profeta es aquel que, al ser él mismo víctima de lo que denuncia, asegura la pertinencia de su crítica y de sus amenazas desde Dios….
Ensayo completo en Word:
Tiempo de crisis, tiempo de esperanza
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Muy interesante el artículo, de verdad ilumina, sin embargo hay cosas que me hacen ruido y me gustaria más claridad, en al articulo siento cierta discordancia, en principio usted hablaba de una crisi de la historia con el acontecimeinto de la encarnación, esta crisis al menos lo vi asi, es entendida como algo nuevo, luego hacia el final del articulo habla del Reino como algo presente como semilla en la historia, estoy de acuerdo con esto, por eso veo que hay discordancia entre lo primero y lo último en relación a la historia, yo apuesto por lo segundo. Si hay que hablar de crisis hablemos de crisis de horizonte en cuanto al acontecimiento encarnacionista y todo lo que este representa, pero no de la historia porque la encarnación es el pleno desarrollo de la historia, otra cosa es que eso no se quiera ver, y que la humanidad quiera auto-relizarse de espaldas a la propia historia.
lo segundo es que me parece importante meditar en lo que significo la devotio moderna que no es algo pasado hoy se siguien viendo mucho de aquel movimiento cuando vamos a librerias religiosas y vemos cualquier cantidad de libros de devocionales sobre las sangra de Cristo, o los clavos de Cristo, toda una devoción basada en el sacrificio, en el dolor, en la sangre y no en el amor.
Pienso también que hoy a nivel de América latina no hablamos tanto de Nueva Era, pienso que la gente busca más lo mágico-religioso, al menos en mi país, cada día ves más personas comprometidas con religiones esotérica y yorubas, esto creo yo se debe a una crisis institucional no solo la religiosa, sino también la civil, ya ni la iglesia ni los estados ayudan a resolver los grandes problemas de las masas pobres del continente.
Y como pregunta simplemente formulo: Estamos en América Latina en post modernidad, somos modernos y más aun post modernos o pre-modernos?
Bueno sin más que decir, quería despedirme con todo el respeto que ustedes se merecen. Tengan en cuanta que aquí tienen un amigo