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Del Batey a la Cabina de Transmisión

Del Batey a la Cabina de Transmisión

El comunicador católico, discípulo y misionero,  en contacto permanente con la realidad en que vive.

Ramon R. Caluza, CICM – Director General de Radio Enriquillo, Tamayo, República Dominicana.

Seminario – Taller Santo Domingo 20 – 22 Febrero 2007: Comunicadores “Discípulos y Misioneros de Cristo en América Latina”.

En la carta de invitación para participar en este Seminario-Taller, se nos hizo la pregunta: ¿Cómo comunicar la compasión y el amor misericordioso del Dios de Jesucristo en miras de perfilar una comunicación de y para la comunión? De inmediato, se me ocurrió reformularla: ¿Tengo (o no tengo) la sensibilidad de reconocer la compasión y el amor misericordioso del Dios de Jesucristo en los rostros y en las manos de mis hermanos y hermanas que viven en los bateyes del valle de Neyba? Me urge reformular la preguntar porque la respuesta debería ubicarse en la realidad concreta en que vivo actualmente. La pregunta es a la vez práctica y teológica.

No podemos ser indiferentes a la realidad en que vivimos.

Muy recientemente asumí la dirección de Radio Enriquillo. La emisora  está situada en el pueblo que se llama Tamayo, en el valle de Neyba, a 200 kilómetros de la capital Santo Domingo, en la región suroeste de República Dominicana, la más pobre del país. Tamayo está a 70 kilómetros de la frontera con Haití, el país más pobre del hemisferio occidental. Los domingos a mi me toca presidir la eucaristía en Batey 2 y Batey 4. Esas dos comunidades quedan más o menos dos kilómetros de la emisora.

Los bateyes son los lugares donde viven los haitianos cortadores de caña y los dominico-haitianos que trabajan en el ingenio. La gran mayoría vive en situaciones infrahumanas. No hay agua potable. Los barrancones donde viven pintan nada bueno. Están casi todos amontonados. La discriminación en carne propia los agobian. La gran mayoría no tienen papeles de residencia. Tienen miedo de ser deportado en cualquier momento. Muy pocos hablan español. Hablan creole. Reciben un salario de miseria, pero algo es algo. Se resignan en aceptar esta situación porque en Haiti, la cosa está peor. Este es una experiencia a nivel micro.

A nivel macro, pasamos a algunos datos fríamente calculados a nivel más global. El 20% de la humanidad acapara el 83% de las riquezas mundiales. Otro 20% intenta sobrevivir con apenas el 1.4% de los recursos disponibles. Con las políticas neoliberales se agranda el desequilibrio. Los diez más ricos del mundo entero tienen una riqueza equivalente al valor de la producción total de cincuenta países de los más pobres. La fortuna de 447 multimillonarios es mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad.

Vivimos en el continente de la esperanza, como lo han llamado alguna vez. ¿Será verdad esto? En los años 80, uno de cada cuatro habitantes vivía en pobreza crítica. En los 90, ya eran dos de cada cuatro. No hablemos de los analfabetos ni de los desempleados, ni los campesinos sin tierra o los niños con cólera, ni de las mujeres que representan el 70% de la población pobre de América Latina. Somos el lugar donde se producen multimillonarios menos tiempo.

 Dicen que estamos mal pero realmente andamos mal y vamos peor. La verdad es muy distinta. No podemos ser indiferentes a la cruda realidad. Si ponemos nuestro oídos en el corazón o en el centro de este mundo, sentimos y escuchamos los latidos de una humanidad sufriente. Yahvé vio, oyó, conoció el sufrimiento de su pueblo:  

El Señor sigue diciendo: he visto la opresión de mi pueblo en Egipto.He oído el clamor que le arrancan sus opresoresy conozco sus angustias.Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios.Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa,a una tierra que mana leche y miel…El clamor de los israelitas ha llegado hasta míHe visto también cómo son oprimidos por los egipciosVe, pues; yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas. ( Ex 3, 7-10).

Claramente, vemos que el comunicador cristiano debe tener la misma sensibilidad de Yahvé. Es importante comunicar esperanza en medio de tanta desesperanza. En mi experiencia personal en los bateyes, yo vuelvo a la emisora y a mi casa cansado pero renovado. Con es esto, se confirma, es importante el contacto directo con nuestro pueblo, el lugar de encuentro, el lugar teológico privilegiado. Nos animamos unos a los otros. Compartimos las mismas angustias, compartimos las mismas esperanzas.

 Sin lugar a dudas no podemos separar lo de Discípulos y Comunicadores porque seguir a Jesús el Cristo es comunicarlo, es dar testimonio de su proyecto de vida, es apostar nuestra vida a la Verdad que El nos trajo, el Reinado de Dios.  El seguimiento de Jesús es bajar a esa realidad llena de injusticias pero también llena de las semillas de esperanza y de transformación.

La vivencia de lo sencillo, de lo crudo de la realidad de los bateyes es dejarse contagiar por la sincera sonrisa de los bateyeros, expresión de que las cosa van a mejorar, primeramente con Dios, y con nuestros esfuerzos de buscar caminos de cambio. Hay que relatar nuestras experiencias y las experiencias de ese pueblo tan golpeado por la pobreza y la exclusión. La dura realidad no miente. Mons. Ysern, en su ponencia para este seminario dice: el seguimiento de Jesús es más experiencial que doctrinal.

Missio Dei.

La misión de la Iglesia se deriva de la misión de Dios (Missio Dei). Ella es solamente un instrumento del movimiento de Dios hacia el mundo. Dios se ocupa del mundo entero por lo tanto su actividad salvífica ocurre en la historia ordinaria de la humanidad, no exclusivamente en y por la Iglesia. Missio Dei es actividad de Dios abarca ambos, la Iglesia y el mundo, y la Iglesia tiene el privilegio de participar. A pesar de algunas reservaciones, hay un acuerdo convergente acerca de la interpretación teológica del propósito de Dios. Nuestro Dios es un Dios personal con un objetivo, propósito, que es: llamar a toda la creación bajo el Señorío de Jesús el Cristo en quien, por el poder del Espíritu Santo, lleva a todo el mundo a una comunión con Dios.

Por lo tanto, todo esfuerzo de comprender Missio Dei debe hacer referencia al Reino de Dios. El reino de Dios se entiende como una vida libre de toda forma de esclavitud, particularmente la muerte. En términos de San Pablo, el gozo de una vida plena está amenazado por todos aquellos aspectos de la vida que esclaviza: pecado (Rom 7, 14), la ley (Rom. 7:10), la vanidad y la corrupción (Rom. 8:19-21), este mundo malvado (Gal. 1:4), insignificantes y miserables poderes (Gal. 4:9), espíritus del mal (Eph. 6:12). Con eso, es inconcebible que podemos otra vez volver a una visión estrecha y eclesiocéntrica de la misión….

Sigue:

La iglesia y la auto-comunicación de Dios

El compromiso de los comunicadores cristianos

Nuestro aporte hacia una comunicación solidaria.

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