Aprovecho la oportunidad para aconsejarles consultar los otros materiales presentados durante el 3er COMLAC en Loja (http://www.comlac.org/index.php5) y para ello se redactó el texto intitulado: Introducción a la parte académica del III COMLAC, aunque tan solo se ocupa de algunas de las ponencias del congreso.
A la objeción que la mayoría de estas ponencias no toca directamente al tema de la religión ni de la teología o de la evangelización que corresponden a nuestro sitio Web, se debe responder que son textos de reflexión filosófica alrededor la finalidad de la comunicación, y análisis del impacto de las nuevas tecnologías y de la comunicación en nuestra realidad social latinoamericana. Si queremos incidir en la realidad como cristianos necesitamos analizarla y comprenderla; si queremos responder a la nueva cultura global con una nueva evangelización, la propuesta central de la Vta Conferencia de Aparecida, debemos prepararnos para entender qué, en realidad, está pasando en nuestro continente.
Esta ha sido una importante observación y propuesta de nuestros obispos en Aparecida: no basta repetir la antiguas respuestas, cuán valiosas pudiesen haber sido en el tiempo de su elaboración, a problemas de una realidad novedosa. O como nos aclara el evangelio, no podemos resguardar nuevos vinos en recipientes de cuero envejecidos. Si queremos responder a las nuevas preguntas de nuestro tiempo, del nuevo milenio, nos toca conocer la realidad. Son los filósofos y los científicos sociales que nos han precedido en la exploración del significado del fenómeno de la globalización y será presuntuoso si desdeñamos el laborioso trabajo de personas que ya profundizaron en nuestro tema.
La filosofía sigue siendo una luz en nuestro mundo, capaz de cuestionar a las evidencias de las culturas, y también a la cultura occidental representada como modernidad y a su exagerada fe en las soluciones de la ciencia. Una ciencia que ya no acepta otros discursos, de la literatura, del arte, de la filosofía y de la religión, sino que se inclina a proclamarse como el único discurso válido. La propuesta defendida por la teología de la liberación latinoamericana desde principios de los años setenta, y que hoy apenas se atreve a pronunciar por ser descalificada como marxista, que necesitamos informarnos de la realidad mediante las ciencias sociales, sigue siendo de eminente importancia.
Muchos científicos sociales nos precedieron en la investigación del fenómeno de la globalización y su impacto en nuestras culturas. Mencionamos tan solo a las propuestas de investigadores como Jürgen Habermas, Anthony Giddens, Pierre Bourdieu, Charles Tylor y Zygmunt Bauman. Las propuestas filosóficas y de las ciencias sociales han sido acogidas por pensadores y científicos en nuestro continente y es desde allí que debemos reflexionar alrededor los nuevos acontecimientos globales. Como cristianos no podemos ausentarnos de estos debates so pena de que no se nos tome en serio en los importantes debates de los areópagos de la discusión cultural y de la decisión política en nuestras sociedades.
Ya estamos faltando, y ya no se nos echa de menos, en estos debates, como perspicazmente lo constaron los obispos en Aparecida. La discusión de las propuestas de filósofos y de científicos sociales es una importante tarea de la teología, pero será una falencia considerar que mejor dejamos estos debates a los que dominan la teoría. Los estudiosos, los teólogos y los pastores tienen una gran responsabilidad como intelectuales en informar y aconsejar a los cristianos que no pueden dedicarse al estudio por sus tareas diarias.
Pero estos últimos tienen un gran deber de cuestionar a la actividad y al aporte de sus intelectuales, pastores y teólogos desde las necesidades de la vida real de cada día. Si no se critica a la teoría desde las bases fácilmente los teóricos se desvían en problemas y soluciones imaginarios que, finalmente, no aportan nada a la solución de los problemas reales con que se enfrenta la mayoría de nuestra población latinoamericana. Creo que esto es una de las importantes aplicaciones de ‘la opción preferencial por los pobres’ en que tanto insistió la conferencia de Aparecida, que el pueblo tiene que acompañar, criticar y guiar a sus supuestos líderes.
Por último, no necesitamos ni intelectuales ni pobres sino sabiduría, en nuestro caso: sabiduría cristiana, para enfrentar estos tiempos novedosos, una sabiduría que solo puede desplegarse si lideres y pueblo saben corregirse entre ellos mismos. Y a los comunicadores…:¿qué papel les toca en estos debates? Deben estar al lado de los intelectuales o al lado del pueblo? Yo diría que son intelectuales, aunque a veces niegan serlo, que por obligación a su formación, necesitan estar informados, y mantenerse informados, de las discusiones y del análisis de nuestras sociedades. Deben informarse de todo si quieren presentarse ante los areópagos de la discusión y de la decisión.
Al mismo tiempo les corresponde este papel particular de informar al pueblo, de acompañarles en la evaluación del mandato de sus dirigentes sociales, políticos y religiosos, de crear ciudadanos conscientes de sus derechos y deberes que pueden aportar a las discusiones y decisiones. Esta visión del intercambio entre pueblo y elite intelectual, de fomentar y acompañar a la formación de ciudadanos es a la que quieren aportar investigadores del mundo de la comunicación como Jesús Martín Barbero, Rosa María Alfaro, Carlos Castilho Volkmer y Adela Cortina en sus exposiciones en el Tercer COMLAC.

Allí podemos y debemos aprender como cristianos: les invito a la lectura:
Introducción a la parte académica del III COMLAC
El Taller Comunicación, Evangelización y Discipulado del IIIer COMLAC
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