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‘Infiltrados’, así se hace un remake ¡Joder!

Red Stovall

Mañana hará un año justo que en estas páginas hablé de ‘Juego Sucio’, conocida internacionalmente como ‘Infernal Affairs’, y del excelente material que Scorsese tenía entre manos para hacer una nueva versión dotándola de su peculiar estilo, ese que las malas lenguas dicen que ha perdido en sus últimas películas. Esas mismas malas lenguas se empeñan en afirmar que Scorsese no conoce dicha película, lo cual no sólo me parece una soberana estupidez, sino que además es de nula credibilidad dada la famosa admiración que el director siente por las cinematografías asiáticas. En fín, un año después de aquella reseña que hice tengo la oportunidad de hablar de ‘Infiltrados’ que hoy mismo se estrena en nuestro país junto con la última película de Woody Allen, al que le mete un gol por toda la escuadra. Y no es cuestión de compararlos como directores. Simplemente creo que ‘Infiltrados’ es mucho mejor película que ‘Scoop’ y será la reina de la taquilla durante esta semana. Porque lo cierto es que tenemos de regreso al mejor autor de películas como ‘Taxi Driver’ o ‘Toro Salvaje’, dando una verdadera lección de Cine y de cómo realizar un remake en condiciones sin temer ni lo más mínimo su comparación con el original, entre otras cosas porque lo supera con creces.

‘Infiltrados’ como bien indica su ridículo título en español (¿es que nunca van a aprender?) versa sobre un policía infiltrado en la mafia de Boston, y un miembro de dicha mafia infiltrado en el cuerpo de policía de la ciudad. Imaginaos el resto: lealtad, amistad, soledad, traición, etc, todo ello a través del salvaje prisma de Martin Scorsese.

Porque si hay una palabra que define a esta película ésa es salvaje. Dos horas y media de precisa narración sin ningún bajón de ritmo, algo que conoce muy bien el señor Scorsese. Unos diálogos apabullantes, llenos de suciedad y palabras mal sonantes (“joder” es la que más se pronuncia) pero no dichos gratuitamente. Una galería de personajes fascinantes. Un guión conciso sin ninguna fisura. Y más, mucho más, en uno de los mejores thrillers de los últimos años.

Todo aquel que conozca suficientemente el cine de Scorsese ya sabe de lo que le hablo. El montaje, absolutamente excepcional, le infiere un ritmo al film pocas veces visto. Tengamos en cuenta que hablamos de una película que dura más de dos horas y media y el aburrimiento no asoma ni por recomendación, no se atreve. Scorsese no le da ni el más mínimo respiro al espectador, que queda atrapado en la historia desde el primer fotograma, avanza con un crescendo increíble hasta llgar a una parte final que ya pertenece por derecho propio a los anales de la Historia del Cine debido a su dureza. Un cierre inesperado y antológico lleno de sorpresas.

Tomado del BLOGCINE

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Los inicios del cine egipcio

Artículo tomado del portal Cine Árabe 

Egipto fue uno de los primeros países en conocer el cine. En 1897, los cámaras-proyeccionistas de Lumière filmaron y mostraron películas en este país que, más tarde, en 1908, llegó a disponer de unos doce cines y, en 1924,de cuarenta, explotados -por supuesto- por empresas francesas. Durante estos primeros años se rodaron unos cuantos títulos de producción europea o norteamericana, interpretados por actores extranjeros exceptuando unas pocas películas italianas donde tuvieron protagonismo algunos de los comediantes árabes. La cinematografía propiamente egipcia se inicia en 1928 con el estreno del film de Ahmed Galal, “Laila”, una película al servicio de su propia protagonista principal, Aziza Amir. A esta cinta le siguieron “La bella del Sahara” y “Zeinab”, interpretadas igualmente por actrices y actores nacionales famosos.

En 1929 Egipto estrena el sonoro con “Al claro de luna”, en realidad una simple sincronización con discos de canciones y danzas locales. Para que se pudiera oir hablar verdaderamente a los actores, el cine egipcio dependía -también en eso- de la tecnología colonial: En 1931, en París, se filma -y se graba- “La canción del corazón”, del italiano Mario Volpe, e “Hijo de papá”, de Mohammed Karim. Un año después se consigue que las películas se rueden ya con sonido en El Cairo y en Alejandría. Hacia 1935 el Banco Misr financia la construcción de unos estudios modernos en El Cairo y ello conlleva el inicio de una etapa industrial para la cinematografía egipcia hasta el punto de estrenarse una veintena de títulos por año, siendo uno de los más famosos el dirigido por el alemán Fritz Kramp, Wedad.

Antes de la guerra, los directores egipcios más experimentados fueron Galal, Karim, Misrahi, Lama, Rosti, Badrakan o el Gazaerli. Algunos de ellos eran también intérpretes y/o productores de películas donde actuaban sus mujeres o parientes (el caso de “Esposa en el interino”, “La hija del pachá”, de Galal, interpretadas por su mujer MaryQueeny), siendo el musical o las adaptaciones de obras literarias árabes modernas (”Zeinab”, “Baile en la Corte”…) los géneros más populares. Durante la guerra, la cinematografía egipcia sirvió de modelo para otros países árabes. Nuevos cineastas formados en Europa se interesan por temas más sociales, como el realizador Kamal Selim que rodó una especie de film neorrealista egipcio, “La voluntad”, retrato de la auténtica vida egipcia a través de los avatares por los que pasa un joven pobre; más tarde dirigió “La tarde del viernes”, “Los miserables” (adaptación árabe del homónimo de Victor Hugo) y “Víctimas del amor”. El éxito de estas películas incluso en otras naciones árabes era tal que permanecían mucho más tiempo en cartel que los títulos occidentales. En el público joven de tales naciones llegó a influir el idioma árabe-egipcio de aquellas películas, en cuanto al acento y giros.

Ya en la posguerra, la penetración de nuevos mercados árabes implica que la producción egipcia alcance los 64 títulos en1945-1946. Siguiendo el estilo neorrealista de Selim, el pintor surrealista Telmisanni realiza “El mercado negro”. Por su parte, Niazi Mustafá fue el primer director que hizo desarrollar un drama de aventuras entre beduinos en el film “Rahba”, en el que sobresale la fotografía de paisajes. Pero en 1948 desciende la producción a 33 títulos, muere Selim y la cinematografía egipcia, debido a su mercado más allá de sus fronteras, trasciende los temas locales para reflejar una especie de panarabismo fílmico basado en temas libaneses, marroquíes, sudaneses… A ello se le ha de añadir una nueva mentalidad de cine comercial que desarrollan los bancos propietarios de los estudios, que se orientan hacia una producción de bajo costo y la realización de “remakes” de éxitos hollywoodenses ahora en árabe. Como resultado -y a su vez reflejo de la sociedad corrupta y clasista bajo el reinado de Faruk-, El Cairo se convierte en el “Hollywood del Medio Oriente”; también sus películas: comedias, dramas, musicales…, un cine ajeno a la realidad de la sociedad egipcia, pobre y subdesarrollada.

A finales de la década de los años 40 la producción aumenta de nuevo hasta alcanzar los 60 títulos por año, que llegarán a 100 durante la siguiente década. Un enorme mercado en el contexto mundial arabo-musulmán (incluidos los musulmanes emigrantes en Occidente) se le ha abierto al cine egipcio. Hacia 1950 una nueva generación de cineastas, influidos por el neorrealismo italiano, va imponiéndose al cine comercial de posguerra. Salah Abu Seif es autor de “Siempre en mi corazón”, “Los amores de Antar y de Wabla” (sobre una leyenda árabe), “Te llegará el día”, “El obrero Hassan” (cinta que tuvo problemas con la censura de Faruk por haber reflejado las adversidades de las capas trabajadoras) y, ya proclamada la República Árabe Unida, “El monstruo” y “La sanguijuela”. Por su parte, Yuossef Chahine reflejó en sus películas el hecho de haber estado aprendiendo en Hollywood: “Baba amine”, “El gran payaso”, “El hijo del Nilo”, “Cielo infernal”, “Estación central”, “Djamila la argelina” y “Saladino”.

A los títulos de estos dos realizadores cabe añadir igualmente otros representativos de la década de los 50: “Nacimiento del Islam, de I. Ezzeldin, sobre Mahoma; “Mustafá Kemal”, de A. Badrakan, sobre uno de los fundadores del nacionalismo árabe; “Abajo el colonialismo”, de H. Sedki, acerca de las luchas contra los británicos; “Vida o muerte”, de Kamal el Cheikh y Y. Wahby, una historia que se desarrolla en El Cairo popular. En los años 60 los estudios y la mayoría de los cines egipcios fueron nacionalizados. Entre 1960 y 1970 la producción baja a un promedio de 50 películas anuales. Y. Chahin sigue destacando en las pantallas incluso de Occidente gracias a los Festivales Internacionales; sus títulos de esta década son “Alba de un día nuevo”, “Gente en el Nilo” y “La tierra”. Otros cineastas del período fueron H. Barakat (”El pecado”), H. Kamal (”Lo imposible”), S. Abu Seif (”Al Kahira Salasin”) y N. Mustapha (”Los diablos de la noche”). El resto de la producción estuvo compuesta por productos sin valor artístico.

Fuentes:

Xarxa telemática educativa de Catalunya. Xavier Ripoll Soria: HISTÒRIA DEL CINEMA.

Africainfomarket.org.

Bartolomé Burgos director de Centro de Información y Documentación Africanas CIDAF

De puño y letra de Gabriel García Márquez

Estos artículos de García Márquez fueron extraídos de “Opera periodística 2. Entre cachacos”, de la editorial Sudamericana.

El temor de que el cine se convierta definitivamente en un arte tributario de la literatura ha sido agravado en el presente mes (febrero de 1954) por sucesivas y a veces simultáneas presentaciones de películas basadas en piezas literarias. Varios ejemplos: De aquí a la eternidad; México de mis amores; El rebozo de soledad, versiones cinematográficas de las novelas: La luna es azul, Lecho nupcial, Julio César, basadas en piezas teatrales. Esto sin mencionar el reestreno de Electra, de Eugene O’Neill, y las proyecciones privadas de La señorita Julia, basada en la conocida pieza teatral en un acto, de Strindberg, y Las tres perfectas casadas, que es una adaptación de la obra de Alejandro Casona, hecha sin mucho esfuerzo ni originalidad por Mauricio Magdaleno y José Revueltas.

La conclusión parece evidente: día a día se restringe la originalidad temática del cine y se fortalece amplia y lamentablemente su dependencia de otros géneros con los cuales el verdadero cine, el cine puro y auténtico, puede tener elementos propios.

La crisis de argumentos originales -que es realmente una crisis de argumentistas de cine- no debe considerarse sino como una crisis del cine. Una crisis ante la cual no pueden conformarse los verdaderos cineastas, aunque ella sea resuelta con algo tan respetable y tan parecido al cine como el teatro fotografiado o la novela relatada en imágenes parlantes.

El verdadero cineísta

Es difícil definir al verdadero cineísta. Existe el especializado, el que devora dos horas de proyección en persecución de un detalle, de un ángulo fotográfico o de un acierto de dirección, y presencia la proyección con el mismo sentido con que un erudito descifra un pergamino antiguo. Es bastante discutible que ése sea el verdadero cineísta. Y sin embargo, también la matiné es la función más adecuada para el especialista. Los teatros donde se exhiben películas antiguas están llenos de ellos a las tres de la tarde.

El verdadero cineísta asiste al teatro casi siempre solo. Se sienta invariablemente en los sectores laterales. No mastica ni chicle ni come ninguna clase de golosinas. No lee periódicos, ni revistas, sino que permanece en las nebulosas contemplando la pantalla con cierto aire de concentrada estupidez, hasta cuando comienza la proyección. Entonces se desabrocha el cinturón, se desajusta los cordones de los zapatos y el nudo de la corbata, y trata de apoyar las rodillas o de trepar los pies en el asiento delantero. Cinco minutos después de comenzada la proyección, puede estallar una bomba en el teatro, que el verdadero cineísta no caerá en la cuenta. La película puede ser excelente o puede ser un mamarracho, eso no importa. Si a un verdadero cineísta se le dice en la calle que una película es insoportablemente mala, asistirá entusiasmado a la próxima exhibición, para convencerse de que es mala en realidad.

Este artículo ha sido tomado del portal: sololiteratura.com