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Metodología para la formación

cinem.jpgEl manual tiene tres capítulos en los que se ofrece la propuesta básica de cine y espiritualidad, la metodología para la apreciación cinematográfica y los materiales para la realización de talleres de formación.

Autor: OCLACC

Valor: 7u$s

Pedidos

Apreciación del cine: experiencia estética, experiencia espiritual

Sebastián Pimentel*

 

La relación con el alumno

Muchas veces la materia de estudio está muy lejos del alumno, en el sentido de que los libros con los cuales trabajamos no corresponden a los lenguajes que las personas trabajan. Platón decía que para enseñar al alumno hay que conocer su alma, su mente, sentimientos. Hay que hacer que la materia le interese, lo movilice. Tenemos que despertar el deseo de conocer sobre lo que estamos hablando. Esto implica que la persona se interesa. Para que algo le interese al alumno debe estar en contacto con su vida, con su mundo de la vida. El mundo de la vida es lo que nos rodea en la vida diaria, es su entorno, lo que vive, su contexto. No podemos hablar de cosas que no le afectan, que no hacen parte de su entorno.

Por eso los textos que nacen de una realidad antigua, tiene poco que decirle al alumno. Este es el punto de vista de un joven que se preocupa por el hombre, por el otro. El humanismo nos hace primero interesarnos en una persona. Se trata primero de entablar la comunicación con el otro.

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Un modelo educacional para explorar la espiritualidad en historias cinematográficas

cine1.jpgEl padre Henk Hoekstra es uno de los impulsores más activos del cine social producido con calidad. Como presidente mundial de OCIC, tuvo la capacidad de darle presencia a esta expresión cinematográfica en los importantes festivales del mundo. Promovió, además, la posibilidad de la producción y de la recepción con finalidades educativas.

Este manual recoge la vasta experiencia del Padre Henk H. y entrega herramientas para explorar la espiritualidad en las historias cinemetografícas.

Autor: Padre Henk Hoekstra

Valor: 7u$s

Pedidos

El ultimátum de Bourne

José Ángel Garrido

the-bourne-ultimatum.jpgLo primero que debo advertir es que no hace falta haber visto las dos películas precedentes de la trilogía basada en las novelas de Robert Ludlum -El caso Bourne (2002) y El mito de Bourne (2004)- para disfrutar de El ultimátum de Bourne (2007).

No hace falta porque, a pesar de que el filme arranca con una breve escena recapitulatoria con que la que se pretende llenar lagunas y preguntas posteriores, lo importante es que el espectador comprenda (y lo hace de inmediato) que se encuentra ante una historia en la que persecuciones y acción salpicadas de tecnología punta se alternan con una trama llena de giros inesperados.

Hay muchas películas así, pero no todas son igual de entretenidas (quizá porque cargan excesivamente el peso de su eficacia en una sola de las cuatro patas que he señalado: persecuciones, acción, tecnología y giros inesperados).

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Pequeña Miss Sunshine

Almudena Muñoz Pérez

pocas las películas que se atreven a adoptar un punto de vista infantil sin caer en la madurez excesiva, en esa ‘adultización’ que sólo pretende utilizar al niño/a como un buzón de confesiones prohibidas para labios adultos –”La huella del silencio” es uno de los ejemplos más recientes–. “Pequeña Miss Sunshine” posee la virtud de apostar por una niña auténtica, sin las trampas argumentales que la conviertan en una vía catártica para quienes la rodean. Por supuesto, si sólo viéramos el universo a través de sus enormes e inocentes gafas entonces no habría película adulta. Y los casi debutantes Jonathan Dayton y Valerie Faris dirigen sus intenciones hacia los tópicos más aburridos de dicho estrato de edad.

Tal vez el punto de partida disfuncional sirva como un buen documento de venta ante una audiencia cansada de los repetitivos esquemas comerciales. Sin embargo, poco a poco esa alternativa entre el indie y la comedia clásica está derivando en otro prototipo que se resquebraja por su escasa originalidad. “Pequeña Miss Sunshine” huele en exceso a pretensiones de carretera secundaria y a aspiraciones metafísico-caseras –el adolescente que lee “Así habló Zaratustra”, el tío experto en Proust–. Nos lo anuncia ya su por otra parte manido recurso, presentación consecutiva y gestual de los protagonistas: la niña de vestimenta peculiar que pretende ganar un concurso de belleza, el joven que se rebela contra el entorno mediante la mudez, el abuelo rockero que esnifa marihuana, la madre permisiva, el padre cuadriculado y el tío gay suicida. Un puzzle cuyas piezas proceden de cajas distintas y que, acertadamente, sus directores no pretenden ensamblar a la fuerza en ningún momento. Pero ese mismo material de originalidad cuestionada no termina de casar con el mensaje preestablecido. No paran de repetirse a lo largo de la película diálogos acerca del éxito y el fracaso, del esfuerzo y la lucha como auténticos barómetros de superación personal, frases sacadas de manual de autoayuda que poco o nada se analizan en el viaje que emprende la familia hacia el certamen de Pequeña Miss Sunshine.

Tomado de La Butaca

Crítica de Regreso del Todopoderoso

Luis María Fittipaldi

Evan Baxter es elegido congresista y sabe que iniciará una nueva etapa de vida con su familia. Su lema partidiario es “vamos a cambiar el mundo…” (nada menos), pero no es esta vez el diablo el que mete la cola y da por suelo todo sino Dios (ese estupendo Morgan Freeman), quién lo obliga a armar un arca como un Noé moderno y salvar no solo especies animales sino también una trama argumental standart, la cual tiene su costado ecológico, tan en boga en el cine actual.
Steve Carrel con su máscara y dinámica es un efectivo comediante, esperemos que no caiga en un deshecho de tics insoportables con los que Hollywood y la industria del cine prediseñado nos terminaron pudriendo. La comedia sirve para ver en familia (sino hay otra cosa mejor para hacer, que seguro la hay…), tiene algún gag pero nada más. Simplísima y pasatista al mango, resalta eso si la belleza de Lauren Graham - ese bombón de “Bad Santa” - como la esposa y John Goodman como un congresista inescrupuloso. Adivinaron …? Si, tiene un final anunciado.

Tomado de RosarioCine

‘Babel’, terminando el año estupendamente

Red Stovall

El argumento de ‘Babel’ es la mar de sencillo, hablando de un montón de cosas. Encierra tres historias entrelazadas entre las que nos encontramos a un matrimonio con problemas de viaje en Marruecos, una chica sordomuda en Tokyo que se desespera por ser amada, y una criada mexicana que se lleva a los niños americanos que está cuidando a la boda de su hijo en México. Esos son los puntos de partida de cada historia, que Iñárritu nos va deshojando poco a poco hasta un desenlace extraordinario donde todo cobra sentido, cinematográficamente hablando, diría que los mejores momentos de la película se encuentran en la parte final. Y a pesar de que ya nos conocemos la treta usada por el director, y podemos llegar a adivinar cual es la relación entre los dsitintos personajes que pululan por el universo del film, nos importa relativamente poco, ya que se disfruta enormemente del buen hacer de su autor.

Iñárritu, apoyado una vez más en un guión de Guillermo Arriaga, le imprime un ritmo al film casi perfecto, y digo casi porque podría haberse ahorrado ciertas escenas que no vienen a cuento. Aunque el film peque de ser un pelín largo, no resulta cansino y se sigue con especial interés. Personalmente prefiero todo lo que acontece en Marruecos, que las otras dos historias, quizá porque me resulta más impresionante y porque a mi juicio me parece la parte más perfecta del film, sin absolutamente ningún fallo. Esto no puede decirse de las otras dos, en las que considero que hay cosillas que no quedan bien. Me explico. En la parte mexicana, por así llamarla, el desencadenante de todo el dramatismo es una reacción de uno de los personajes algo ilógica y tal vez poco creíble.

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‘Crash’, choque racial

Red Stovall

El guionista de ‘Million Dollar Baby’, Paul Haggis ha realizado su segunda película cómo director, la cuál se estrena en nuestro país la semana que viene, y ya era hora, porque es una producción del 2004. Lo hace con el subtítulo de ‘Colisión’, poco apropiado, diría yo, porque en el contexto de la película significa ‘golpe’, y más concretamente emocional. Desde luego eso es lo que no le falta a este magnífico film: emoción. La hay a raudales, en todo momento, no dejando libre al espectador un sólo instante, sumergiéndolo en una urbe de personajes, cada uno con su historia, y no nos deja indiferentes.

‘Crash’ sigue el típico esquema de película coral, dónde un montón de personajes que en apariencia, no tienen nada en común, nos hablan de sus problemas, de sus relaciones, de sus vivenvias, mientras sus historias van entrelazándose hasta llegar a un punto, un nexo de unión, dónde todo cobra sentido. Haggis, excelente guionista, aprovecha al máximo este esquema, pareciendo incluso que sea novedoso, debido a su enorme pericia para unir los diferentes elementos de la historia, aunque no llega a ser del todo perfecto, debido a que alguna situación esté un poco forzada, cosa que impide que nos encontremos ante la absoluta obra maestra que este film debería ser, porque la gran sorpresa de esta película se encuentra en la labor de Haggis tras las cámaras, ya que gracias a su estupenda puesta en escena, su propio guión termina teniendo una fuerza impresionante, alcanzando dimensiones casi épicas, gracias a unas poderosas imágenes, que el director combina perfectamente con lo habilidoso del guión, que nos lleva por las calles de Los Angeles, dotando a la gran ciudad de un aire místico que envuelve a sus personajes, tal y cómo sucedía en la mejor película de Lawrence Kasdan, ‘Grand Canyon’, película con la que ‘Crash’ guarda más de un punto en común.

Haggis coge la ciudad y a sus personajes, los lanza al vacío, y deja que tengan un auténtico y brutal choque entre ellos. Navega por los miedos y esperanzas de cada uno, con timón seguro. A algunos los hace odiosos, a otros adorables, y al resto una unión de ambas cosas. Los mezcla, los enfrenta, y actúa como casi un Dios con ellos, dirigiendo sus vidas en todo momento, haciéndoles pasar por situaciones límite, y haciéndoles ver que a pesar de las estúpidas diferencias raciales, y de lo puta que puede ser esta vida, siempre hay un lugar para la comprensión, para el aceptamiento, para el perdón, para el amor.

Haggis, como padre de sus personajes, decide el destino de cada uno, siendo a la vez benevolente, duro y desgarrador. Logra instantes sobrecogedores, como por ejemplo, el del póster, que pilla por sorpresa al espectador, arrancándole de dentro las más profundas lágrimas de desesperación (yo no pude evitar gritar un NOOO),y llenándote de angustia. Porque si algo tiene además la película, es tensión, a lo largo de todo su metraje, haciándote sentir incómodo en todo momento. Además los instantes ‘fuertes’ ocurren en silencio, y son apoyados por la música de Mark Isham, que compone un score absolutamente impresionante y lleno de fuerza, que cobra verdadera vida en algunos momentos.

¿Y qué decir de los actores? pues que están todos en verdadero estado de gracia, y cómo en toda película coral que se precie, son un montón de rostros más o menos conocidos: Don Cheadle, que además es uno de los productores del film; Sandra Bullock y Brendan Fraser, que aunque están fuera de sus típicos papeles, protagonizan la parte menos interesante de la película; Matt Dillon, que probablemente sobresale por encima de todos, y cuya interpretación merece un Oscar; Ryan Phillippe, cuyas motivaciones no resultan del todo convincentes; Thandie Newton, Jennifer Esposito, William Fichtner y muchos más, forman este fascinante universo de personas tan lejanas entre sí, pero semejantes, y tan distintas entre sí, pero cercanas. Y cómo conviven en el mismo mundo, unos más fácilmente que otros, pero al fin y al cabo, conviviendo. Y demostrando, una vez más, que las personas podemos ser de muy distintas maneras en nuestro exterior, pero dentro de nuestro ser, en lo más profundo, nos mueven las mismas cosas, nos dañan los mismos males, y lo único que queremos es ser amados.

Paul Haggis ha rozado la maestría, rodando un gran film, digno de verdad, que merece ser visto más de una vez, para recrearse en él, y dusfrutar de auténtico y verdadero CINE. En su momento dije que el primer trimestre del 2006 parecía traer cine de calidad. Ésta es la primera muestra.

Tomado de blogdecine

El laberinto del fauno

Luis García Orso, S.J.*

Cuenta el cineasta mexicano Guillermo del Toro que una de las imágenes de sus miedos de niño que más recuerda es cuando en la casa de la abuela, por las noches, un hombre cabra salía del ropero. Guillermo trató de exorcizar sus temores infantiles a través de una prodigiosa y creativa imaginación, en su paso por el colegio jesuita en Guadalajara, al filmar sus primeros cortometrajes (Pesadilla) en el bachillerato, y al fundar -a sus 18 años de edad - la productora de efectos especiales para cine Cronopia. Desde sus primeros trabajos como cineasta, Del Toro empieza a ser reconocido fuera de México: Cronos (1993), El espinazo del diablo (2001), Hellboy (2004). Las imágenes del miedo primerizo regresan ahora en su última obra: El laberinto del fauno (2006) que ha merecido el reconocimiento de la crítica cinematográfica:
 Año 1944, quinto año del triunfo de Franco en España. Ofelia (Ivana Baquero), una niña de trece años, junto con su madre Carmen (Ariadna Gil), convaleciente a causa de un embarazo avanzado y delicado, se traslada hasta una vieja casona en medio del bosque, lugar en el que se encuentra destacado Vidal (Sergi López), un cruel capitán del ejército franquista, nuevo marido de Carmen y por el que Ofelia no siente ningún afecto. La misión de Vidal es acabar con los últimos vestigios de la resistencia republicana, escondida en los montes de la zona. Ahí les aguardan Mercedes (Maribel Verdú), una joven que se encuentra a cargo de los demás miembros del servicio doméstico, el doctor (Álex Angulo) que se hará cargo del delicado estado de salud de Carmen y el destacamento a las órdenes del capitán. Una noche Ofelia descubre las ruinas de un laberinto donde se encuentra con un fauno (Doug Jones), una extraña criatura que le hace una increíble revelación: ella no es cualquier ser humano sino una princesa de un reino de inframundo al que ha de regresar si logra salir adelante en tres pruebas.
 A partir de ahí, todos los ingredientes de los cuentos de hadas que Ofelia lee y que le ayudan a escapar de la realidad que pasa a su alrededor, cobran vida, en dos mundos: el mundo real y el mundo que todos -menos Ofelia- llamará fantasía. Un cuento de hadas con princesa, castillo, bosque, hadas, guerreros, ogros, criaturas extrañas, pasillos secretos, bebidas mágicas, conjuros, pruebas para la heroína…pero no para contarse a niños. Un cuento para acercarnos a la destrucción de la infancia y de los mejores sueños a través del poder convertido en tirano y asesino.
Guillermo del Torro ha declarado en alguna entrevista: “Para mí, el fascismo representa el horror último, el más grande, y por esa razón es un tema ideal para contarlo como un cuento de hadas para adultos. Porque el fascismo es sobre todo una forma de perversión de la inocencia, y, por tanto, de la infancia. Para mí, el fascismo representa, en algún sentido, la muerte del alma, como algo que te forzara a hacer elecciones terribles y dejara una marca indeleble en lo más profundo de quienes viven a través de él”
Un cuento sobre el horror, el terror y la violencia, que se pasean impunemente, al aire libre, por la misma casa; que se impone, dictamina, ordena, asesina…Pero también un cuento sobre la capacidad de la imaginación, de la terquedad para salir adelante, del empeño por romper un hechizo, de la voluntad por sobrevivir y vivir de otra manera. Un cuento donde el ogro existe en nuestra vida ordinaria, y no sólo en la fantasía, y la heroína que ha de intentar vencerlo es sólo una niña que ha de tomar las decisiones que quizás un adulto no asumiría.
Un cuento para contarnos algo sobre nosotros mismos y sobre la sociedad que creamos, si empezamos a desentrañar la cantidad de imágenes y símbolos que vemos en la pantalla: puertas que se abren y puertas que se cierran, llaves que sólo una persona puede tener, un bosque a donde internarse para buscar, una mujer débil que espera un hijo y un hombre poderoso que espera un heredero, un hombre sin rostro y con ojos en la mano, laberintos, banquetes, un vestido de fiesta, libros de cuentos, y un bebé que nace a un mundo que también empieza.
Guillermo del Toro ha creado una narración de una belleza oscura y lúgubre, de una creatividad que no pierde ningún detalle de luz, claroscuros, espacios, música, imaginación, secuencia…Una narración tremenda y hondamente actual y universal, porque toca los resortes más íntimos del ser humano en nuestras fantasías, voluntades, sed de poder, esperanzas, sacrificios y propósito de vida; en nuestra capacidad de decir sí o no frente al otro. Para comprenderlo y cerrar esta historia hay que esperar la tercera y última prueba que ha de pasar Ofelia, delante de los que no creen en cuentos de hadas.

*Experto en Cine - México

ELSA & FRED

CRÍTICA por Leandro Marques

Una historia que desafía los prejuicios

Si se tratara de hacer un resumen, podría decirse que la película “Elsa & Fred” cuenta la historia de dos perso-nas que encuentran la manera de so-brellevar las tristezas y sufrimientos de toda una vida a cuestas para, en la última etapa de sus vidas, quizás cuando podían pensar que ya todo es-taba definido, poder permitirse el lujo de disfrutar en plenitud de la aventura del amor. Estas pocas líneas que de-finen el argumento de la película del director Marcos Carnevale —una co-producción española-argentina—, si bien no faltan a la verdad en absoluto, están muy lejos de explicar o graficar siquiera un poco lo que suce-de. De hecho, es infinita la distancia que separa a esa síntesis es-cueta de lo que el film es en realidad. La diferencia es tan grande como la que separa a una película densa, previsible y estereotipada de otra que sorprende en cada pasaje, que se deja fluir con armo-nía y desborda de frescura, filosofía y buen humor.

La solidez técnica y narrativa del film. La habilidad de Carnevale para poder estar presente ausentándose, por ejemplo, al situar siempre la cámara en el punto justo, sin dejarle nunca tomar dema-siado protagonismo. El equilibrio e inteligencia con que el guión compone a los personajes y plantea la evolución de la historia, tra-tando de esquivar la tentación de la caída en los lugares comunes. La deslumbrante labor de los actores, el español Manuel Alexan-dre y la uruguaya China Zorrilla (en unos de sus mejores pape-les). A través de estos cuatro factores fundamentales, la película se permite descansar en su estructura externa y olvidarse de ella, generando de este modo el marco ideal para que en pantalla aflore aquello que nada tiene que ver con lo material, y todo con el cine. Porque Elsa y Fred, juntos, son pura química y magia, y se convierten en socios de un sueño que atraviesa la pantalla. Ellos dos solos son capaces de desafiar a cualquier espectador prejuicioso (que mire con sospechas eso de una historia de amor entre gente mayor) a que se levante de su butaca y se retire del ci-ne si es capaz de aburrirse o fastidiarse aunque sea un minuto.

Crítica tomada de la Revista de Cine “La Butaca”

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