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BAFICI 2008: De la culpa a la reconciliación

El Festival Internacional de Cine Independiente en Buenos Aires (BAFICI) celebró exitosamente su décima edición, con más de 200 mil espectadores del 8 al 20 de Abril del 2008, y unas 400 películas en exhibición.

Habiendo visto la selección oficial de 18 filmes y algunas más, es interesante observar que el tema de la culpa y la reconciliación centró las preocupaciones de un buen número de estos jóvenes cineastas y de los jurados que concedieron los premios oficiales y paralelos.

En estas historias premiadas hay seres humanos que cargan un pasado con el cual reconciliarse, decisiones tomadas que necesitan cribar, culpas que gritan calladamente por perdón, pasos que dar en espera de un abrazo de misericordia. Va aquí un reporte de los premios en el BAFICI 10 y una invitación a entrar en relación con estas historias que nos harán bien.

Ganadora de los premios a mejor dirección y fotografía en el Festival de Sundance, seleccionada para la competencia oficial de Berlín, y ganadora en el BAFICI del Premio SIGNIS y del premio oficial al mejor director, Ballast constituye un prometedor debut del también guionista californiano Lance Hammer.

Hammer filmó en locaciones reales del delta del Mississippi, con actores no profesionales, luz natural, cámara en mano, montaje entrecortado, una apuesta por la improvisación en los diálogos y gran sensibilidad, la historia de tres personajes afroamericanos de clase baja: una madre deprimida que se queda sin trabajo, su hijo de 12 años con problemas con la droga y su soledad, y el tío del niño que se salva sin querer de un intento de suicidio. Sobre los tres pesa la muerte prematura del esposo de Marlee y hermano de Lawrence, en un duelo acallado y agobiante, de tres seres humanos que anhelan redención y no se atreven a suplicarla. Como en el título, seres necesitados de ese balasto o peso que les traiga equilibrio y apoyo.

El director logra emocionar con austeridad, sin sentimentalismo, con la convicción y el rigor para llevar hasta las últimas consecuencias su apuesta artística realista, sin regodearse en las miserias humanas que aquí aparecen fusionadas en un ambiente gris y desolado. Ballast tiene la gracia misteriosa de abrirnos a la reconciliación después de pasar por el abandono.

Una de las novedades mexicanas en competencia es Cochochi, de los jóvenes realizadores Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, que obtuvo entre otros, el premio FIPRESCI en el Festival de Toulouse y una Mención especial de SIGNIS en Buenos Aires.

Filmada en la sierra Tarahumara, Chihuahua, del norte de México, con actores indígenas no profesionales, y hablada en el idioma nativo, el rarámuri, Cochochi tiene una anécdota muy sencilla, pero esencialmente humana y universal. Dos hermanos, de once y doce años, reciben la orden del abuelo de llevar un medicamento a una tía anciana en un punto alejado de la sierra Tarahumara, para lo cual emprenden un viaje cuya ruta no conocen bien. Se llevan sin permiso el caballo de la familia, y en el camino no sólo pierden al animal sino que ambos hermanos se separan y se extravían entre la niebla, el bosque y el paisaje desconocido. Temerosos del castigo, ambos demoran su regreso y transitan diferentes caminos y experiencias. Cada uno vive de manera distinta ese viaje en el que han de asumir a su edad la responsabilidad y la culpa, y que los inicia en otros caminos de la vida y en las consecuencias de sus decisiones.

Desde Grecia llega Correction (Diorthosi) de Thanos Anastopoulos, filmada con planos-secuencia silenciosos, centrados en dos o tres personajes de los que poco sabemos. Sabemos que Yorgos acaba de salir de la cárcel y que está obsesionado persiguiendo a una niña y a su madre, quien le rehuye. Sabemos también que en Grecia, como en otros países, la pasión por el fútbol se confunde con un fanatismo nacionalista y racista, de violentas y penosas consecuencias. Pero debemos ir adivinando las razones de Yorgos, sus intenciones, de qué se trata esa “corrección” que quiere realizar en su vida, mientras transcurre su tiempo entre la búsqueda errante y el desamparo de un hombre sin paz. ¿Qué tanto pesa el pasado, la culpa, el arrepentimiento?

Night Train, la representante china en la competencia del BAFICI, es un demoledor retrato sobre la incomunicación, el trabajo sin alicientes, el machismo y la violencia contenida, que tiene como protagonista a una empleada de la justicia que debe lidiar con presas condenadas a muerte en la corte de un pueblo chino, y que se convierte a la vez en verdugo y víctima. Esta mujer (gran interpretación de Liu Dan) lleva una vida tan gris y solitaria como el paisaje industrial, pero encuentra a un hombre y se obsesiona por relacionarse con él sin saber que es el esposo de una de las presas ajusticiadas por ella. El peso de la culpa y la soledad adquiere aquí un extraño y agobiante espíritu que impregna todo. Melancólica, desesperanzada y desgarradora, sin caer en lo obsceno ni lo explícito, se trata de un interesante segundo largometraje de Diao Yinan que resultó una de las revelaciones de la sección Un Certain Régard de Cannes 2007 y tuvo serios problemas con la censura de su país. En BAFICI 10 recibió el premio especial del jurado.

Profit Motive and the Whispering Wind (El incentivo de ganancia y el viento susurrante), de John Gianvito, hace un recorrido por la historia de sangre sobre la que se construyó los Estados Unidos: lápidas en las tumbas de indios, esclavos, colonos, trabajadores e inmigrantes asesinados a lo largo de los siglos, y por las placas conmemorativas que figuran en los sitios históricos donde ocurrieron las masacres más brutales contra los alzamientos de esclavos o los primeros movimientos sindicales o las luchas de las mujeres por sus derechos.

Este documental-ensayo de fuerte contenido político (sin por eso apelar a un sólo diálogo ni a la voz en off, como si se propusiera ser el anti-Michael Moore) ofrece unos planos fijos muy expresivos sobre banderas, flores, bosques, moho y gusanos en las tumbas de los cementerios, en contraste con el viento siempre susurrante. Un documental donde sólo los nombres en las lápidas cargan una culpa de la que nadie se hace responsable.
Las imágenes finales de los movimientos sociales de protesta, desde los de hippies y pacifistas, hasta los de inmigrantes recientes, de T.S. Eliot a César Chávez, resultan un cierre contundente que vincula el pasado y el presente de un país en el que, parece, poco y nada ha cambiado.

La Unidad 25 del penal de Olmos (Argentina) suena como el paraíso para muchos presos en cárceles comunes. De hecho, son más de 30.000 los que solicitan ser trasladados allí ¿La razón? En la Unidad 25 no hay peleas, violaciones, ni drogas y los presos se autocontrolan, todo gracias a la práctica de una religión evangélica fuertemente doctrinaria y verticalista. El joven director argentino del documental Unidad 25, Alejo Hoijman, se mete de lleno en esta cárcel -que los reclusos llaman “iglesia”- a partir de la llegada de un nuevo interno, Simón, un joven escéptico y poco practicante que lentamente va siendo adoctrinado en la obediencia, clave de la vida en el lugar. Purgar las culpas en este sistema nos revela aspectos del poder y de la religión pocas veces vistos en el cine. Recibió el premio de la mejor película argentina de la selección oficial del BAFICI.

Mi vida dentro, de Lucía Gajá, recibió el Premio del Jurado de Derecho Humanos. El documental sigue la historia y el juicio de Rosa Estela Olvera, una joven inmigrante ilegal mexicana, en Austin, Texas, condenada por la muerte accidental por asfixia de un niño al que cuidaba. El espectador saca aterrado y enojado las conclusiones sobre el juicio de una culpa donde no parece haber justicia sino prejuicio, racismo e intolerancia.

El premio oficial a la mejor película del BAFICI 2008 y el premio del público fueron para Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo, de la joven realizadora mexicana Yulene Olaizola. Un documental lleno de simpatía, gracia, inteligencia, curiosidad, suspenso, donde la joven directora entrevista a su guapa abuela en su casa y antigua residencia de estudiantes. La mujer cuenta sobre un joven inquilino que murió prematuramente, y al recordarlo también se cuenta a ella misma. Toda la casa está materialmente llena de recuerdos del atractivo joven con quien la señora guardó una entrañable y muy original amistad. La narración nos lleva graciosamente por un laberinto lleno de emociones y sorpresas hasta un magistral final. La historia puede leerse como una cariñosa reconciliación de la mujer y su joven inquilino fallecido, pero también como una reconciliación de nosotros espectadores y del pasado con alguien a quien quizás no hubiéramos perdonado.

En la sección Panorama reciente del BAFICI se exhibió The Edge of Heaven (Auf der Anderen Seite/ Del otro lado), Premio SIGNIS en Cannes 2007. El director alemán de origen turco Fatih Akin , con la inmigración y la situación política en su país de origen como telón de fondo, dirige una película de vidas cruzadas para levantar acta fatalista de un universo caótico que parece exigir el sacrificio de inocentes para probar su fe en la convivencia. En la triple historia que recoge su largometraje, cada personaje busca afanosamente el sentido de su vida entre la soledad y la frustración, sin darse cuenta de que “al otro lado”, con sólo girar la cabeza, podría descubrir lo que tanto anhela. De hecho, el azar y el destino cruel provocan que sus personajes estén en numerosas ocasiones a punto de encontrarse, que la muerte siegue sus esperanzas, que se les exija la renuncia y el perdón como salvoconducto para seguir creyendo en el amor. Personajes en soledad y frustración, con unas miradas cansadas que trasmiten desolación y dolor, pero también arrepentimiento y deseos de reparación, a la vez que un punto de esperanza en la reconciliación, como la presente en el plano fijo final, mantenido durante buena parte de los títulos de créditos. Plano de fuerte sentido metafórico y absolutamente coherente con la fatalidad que inunda cada historia personal, en los dramas de seres humanos que se imponen a la historia político-social del pueblo turco y kurdo.

Luz silenciosa del mexicano Carlos Reygadas recibió en Buenos Aires el premio de la FIPRESCI (Federación internacional de la prensa cinematográfica) como la mejor película Latinoamericana del 2007. En los campos menonitas de Chihuahua (México), la culpa de Johan, por el adulterio en que vive, se comparte al espectador como un íntimo discernimiento sobre la responsabilidad, el amor, el compromiso, la fe, la salvación. El arrepentimiento y la decisión de un hombre han de abrirse al amor que viene de “otro” y que se entrega como perdón, como sacrificio, como luz silenciosa, sin que lo merezca ni pueda hacer nada para ganarlo. Es finalmente la “luz silenciosa” de “Aquel que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos”. Con esa luz brillan en la pantalla las películas más notables de este BAFICI.

Luis García Orso
Abril 27 de 2008

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