Un joven chino solitario es golpeado violentamente por un grupito de timadores malasios y abandonado en una oscura y sucia calle de Kuala Lumpur. Al mismo tiempo, unos trabajadores ilegales bengalíes recogen de la basura un colchón abandonado y lo transportan por las calles. Cuando encuentran al joven chino inconsciente, también cargan con él y lo llevan a su mísera vivienda. Uno de los jóvenes de Bangladesh, Rawang, toma la iniciativa de hacerse cargo del chino tirado en el camino, lo cura de sus heridas, lo limpia, está al pendiente y lo atiende en sus necesidades básicas, lo alimenta, lo viste, y comparte con él el colchón mientras el chino anónimo se va recuperando muy lentamente. Una historia similar sucede en otro lugar de la ciudad: el hijo de una mujer china, dueña de un modesto restaurante, yace en estado de coma y es atendido fría y rutinariamente por la mesera de la fonda.
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