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Luz Silenciosa

El Padre Luis García Orso, S.J., “luego de una larga ausencia  de cuatro meses, debido a la deplorable cartelera del verano y a otras ocupaciones”, como él nos escribe, retoma su espacio de crítica cinematográfica y ahora nos presenta su comentario sobre Luz silenciosa, la película mexicana que mereció el premio del jurado en Cannes de este año.

LUZ SILENCIOSA 

En el largo, pausado y hermoso inicio de Luz silenciosa (Stellet Licht), la oscuridad de un paisaje en los campos menonitas de Chihuahua va siendo iluminada lentamente por la luz del amanecer, hasta el punto de no dejar más negrura sino el esplendor de una mañana de sol brillante. Luego, una familia menonita, de papás y siete hijos, reza en silencio alrededor de la mesa. Al concluir el frugal desayuno, salen de la casa la madre y sus hijos y, ya a solas, el padre rompe en llanto.

El llanto y el dolor de Johan traducen la lucha interior en que se debate entre dos amores: la de su esposa Esther, a quien profundamente ama,  y la de su amante Marianne, a quien cree amar más; la lucha de no saber cómo ser fiel a sus convicciones religiosas, a su familia, a sí mismo; la lucha por encontrar lo que le agrada a Dios, para quien todo amor humano es sagrado, y por ser fiel a su propio corazón y encontrar la decisión que ha de tomar. Y en medio de este conflicto íntimo, las dos mujeres que también son seres humanos que deciden y que aman.

En sus dos largometrajes anteriores, Carlos Reygadas (México, D.F., 1971) ya había explorado de forma provocativa y densa en el conflicto del hombre que se encuentra ante el peso de sus decisiones, su culpa, su arrepentimiento, su trascendencia.  En Japón (2002), un desolado pintor viaja hasta un lugar no menos desolado de la sierra de Hidalgo con la intención de suicidarse, y ahí se hospeda en la pobre casa de una anciana a quien ‘conoce’ en sentido bíblico y cuya relación redime su fracaso. En Batalla en el cielo (2005), el chofer de un general  carga el peso de la culpa por la muerte de un bebé secuestrado, y no encuentra cómo expiar su arrepentimiento sino en la fría relación sexual con su esposa y con la joven hija del general. En Luz silenciosa (2007), el arrepentimiento y la decisión de un hombre han de abrirse al amor de otro ser que se entrega como perdón, como sacrificio, como luz silenciosa. Esther y Marianne toman su propia decisión personal, pero en medio de ellos, y con ellos, también el Otro en quien creen: Aquel que siempre es luz en medio de nuestra oscuridad, permanente fidelidad en nuestras repetidas  infidelidades, perdón gratuito en nuestra culpa, vida eterna en la muerte, paz en medio del dolor humano… “Aquel que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos”

El cine de Carlos Reygadas no es un cine para entretenimiento y diversión, sino para contemplación y reflexión; un cine como arte que invita a estar y trascender. Algunos espectadores optan por salirse de la sala.  Con su tercer largometraje, hablado totalmente en un dialecto alemán, Carlos Reygadas ha hecho un cine profundamente religioso en la tradición seguida por Dreyer, Bresson y Tarkovski; religioso no por mostrar estampas de santos o escenas de culto, sino por transparentar a un Dios que siempre está con nosotros y con nuestro mundo, mira con amor nuestra condición humana y no nos abandona, pero nos deja en libertad para construir o no nuestra humanidad; y cine religioso por plantar la vida toda ante el misterio de Dios, con todo lo que esto conlleva de valor, fe, dolor, pasión, sacrificio, hasta que el hombre quede rendido ante el Otro mayor y no reciba más que el abrazo misericordioso de Dios que lo hace trascender su propia debilidad humana y abrirse al sol de cada mañana que se le regala sin merecerlo.

Luis García Orso, S.J. 

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