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Apreciación del cine: experiencia estética, experiencia espiritual

Sebastián Pimentel*

 

La relación con el alumno

Muchas veces la materia de estudio está muy lejos del alumno, en el sentido de que los libros con los cuales trabajamos no corresponden a los lenguajes que las personas trabajan. Platón decía que para enseñar al alumno hay que conocer su alma, su mente, sentimientos. Hay que hacer que la materia le interese, lo movilice. Tenemos que despertar el deseo de conocer sobre lo que estamos hablando. Esto implica que la persona se interesa. Para que algo le interese al alumno debe estar en contacto con su vida, con su mundo de la vida. El mundo de la vida es lo que nos rodea en la vida diaria, es su entorno, lo que vive, su contexto. No podemos hablar de cosas que no le afectan, que no hacen parte de su entorno.

Por eso los textos que nacen de una realidad antigua, tiene poco que decirle al alumno. Este es el punto de vista de un joven que se preocupa por el hombre, por el otro. El humanismo nos hace primero interesarnos en una persona. Se trata primero de entablar la comunicación con el otro.

Lo que sucede es que el problema tiene que ver con el egoísmo. Ser menos cerrado y no considerarle al estudiante un objeto que debe adecuarse al discurso único. Eso no significa que el profesor se convierta en el sicoterapeuta, ni en convertirse en el otro. Sino de encontrar que caracteriza al perfil común de los jóvenes, de la generación. Un libro clásico no corresponde a la realidad de los jóvenes, y no le gustará sino cuando crezca.

¿Cómo acercarnos al mundo de la vida de un alumno?

No hablarle de una cultura muerta, porque la cultura siempre está viva. La materia de estudio siempre está viva. ¿Cómo enseñar la religión católica a un joven? ¿Cómo interesar a un joven en la vida de Cristo?, ¿en la política?, ¿en la democracia?.

Podemos hacerlo a través de libros. Los libros están escritos por adultos para el mundo de los niños. La tarea del cine es traer de vuelta la historia, la cultura al mundo de la vida. Estas películas se acercan al mundo de la vida porque ya no está en los conceptos sino en el plano de la experiencia estética. También aprendemos con las obras de arte.

Por qué es un aprendizaje más cercano al mundo de la vida? Porque el arte y sobre todo el cine como arte plástico es materia. El cine es un aprendizaje a través de la materia, los sentimientos. El arte nos habla del cosmos, de la vida, nos afecta emocionalmente. Si comparamos el cine con la literatura, ¿por qué preferiríamos el cine? Porque la literatura está escrita en un lenguaje muy ajeno al mundo de la vida. La película implica un registro de rostros, cuerpos, cosas y ya de por si es un espectáculo visual que nos permite introducirnos de entrada en la vida. Más allá del lenguaje escrito y hablado. La pintura y la escultura pueden ayudar pero el cine puede narrar, puede registrar los cambios de la vida de la gente, del pueblo. El cine registra la cultura, las reglas de comportamiento, el cine puede registrar la cultura en vivo. El cine registra el paso del tiempo. Por eso me permite emocionarme con un Jesús que puedo ver, que existió. Por ejemplo con la película
la Pasión de Cristo he empezado a tomar conciencia de la humanidad de Jesús, hasta ese momento yo siempre había visto una divinidad de Jesús. Y me hice la pregunta: ¿existió este hombre? me interesé por ese hombre que es extraordinario y a partir de ahí me interesé por el evangelio, por la realidad, por el contexto. La importancia era que ese hombre había sido humano. En esa humanidad era lo conmovedor y valioso de lo que hizo.

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