pocas las películas que se atreven a adoptar un punto de vista infantil sin caer en la madurez excesiva, en esa ‘adultización’ que sólo pretende utilizar al niño/a como un buzón de confesiones prohibidas para labios adultos –”La huella del silencio” es uno de los ejemplos más recientes–. “Pequeña Miss Sunshine” posee la virtud de apostar por una niña auténtica, sin las trampas argumentales que la conviertan en una vía catártica para quienes la rodean. Por supuesto, si sólo viéramos el universo a través de sus enormes e inocentes gafas entonces no habría película adulta. Y los casi debutantes Jonathan Dayton y Valerie Faris dirigen sus intenciones hacia los tópicos más aburridos de dicho estrato de edad.
Tal vez el punto de partida disfuncional sirva como un buen documento de venta ante una audiencia cansada de los repetitivos esquemas comerciales. Sin embargo, poco a poco esa alternativa entre el indie y la comedia clásica está derivando en otro prototipo que se resquebraja por su escasa originalidad. “Pequeña Miss Sunshine” huele en exceso a pretensiones de carretera secundaria y a aspiraciones metafísico-caseras –el adolescente que lee “Así habló Zaratustra”, el tío experto en Proust–. Nos lo anuncia ya su por otra parte manido recurso, presentación consecutiva y gestual de los protagonistas: la niña de vestimenta peculiar que pretende ganar un concurso de belleza, el joven que se rebela contra el entorno mediante la mudez, el abuelo rockero que esnifa marihuana, la madre permisiva, el padre cuadriculado y el tío gay suicida. Un puzzle cuyas piezas proceden de cajas distintas y que, acertadamente, sus directores no pretenden ensamblar a la fuerza en ningún momento. Pero ese mismo material de originalidad cuestionada no termina de casar con el mensaje preestablecido. No paran de repetirse a lo largo de la película diálogos acerca del éxito y el fracaso, del esfuerzo y la lucha como auténticos barómetros de superación personal, frases sacadas de manual de autoayuda que poco o nada se analizan en el viaje que emprende la familia hacia el certamen de Pequeña Miss Sunshine.
Tomado de La Butaca
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