LA “CULTURA DEL DESCARTE”: Desde los vaqueros (blue jeans) a los refugiados

Papa-discurso-ambiental-4A determinadas edades a uno le vienen a la mente anécdotas, dichos, experiencias pasadas que recobran actualidad o interés. Y es que “nuestra grabadora reproduce mucho mejor que graba”: lo viejo permanece y salta vivo y a lo nuevo le cuesta trabajo grabarse ya… Es ley de vida.

Esta mañana en el metro, observando unos pantalones vaqueros deshilachados por partes –pero muy nuevos, por cierto y, sin ninguna duda, más caros que los intactos- me acordé de la anécdota que “endilgaban” (vaya usted a saber si sería verdad) al “tío Morillo” de mi pueblo que, al ir a comprar unos pantalones y costar lo mismo los de una talla que los de otra, dijo al vendedor: “deme los grandes, que los corte mi mujer y así tiene remiendo para cuando se me rompan las rodilleras…”. Exagerado sí, pero la mentalidad es clara: el “tío Morillo” tenía la decisión firme de usarlos hasta que se gastaran del todo (¡los compró para que duraran!), mientras que la chica del metro los compró pensando que en cualquier momento dejaría de usarlos para cambiarlos por otros de moda…
Sí, antes, las radios, los relojes, las lavadoras, los primeros ordenadores (y hasta los primeros móviles)… se compraban para que duraran; hoy –en la “sociedad de consumo”- el ideal no es que las cosas duren, sino que se cambien por modelos nuevos (se suponen mejores, pero no siempre). Es el dominio del “tírese después de usado”.
Uno de los temas recurrentes del papa Francisco (en la Laudato Si es eje transversal) es la “cultura del descarte”. Ya hace mucho tiempo que lo hemos detectado y se viene señalando como algo que poco a poco se nos ha ido haciendo carne en nosotros hasta convertirse en “lo más normal”. El Papa enciende todas las alarmas porque:

1) Comenzamos descartando las cosas, los objetos (aunque un gran sector de pobres no tengan acceso a ellos). Hay que producir y consumir (¡¿cómo habría trabajo si no?!).

2) Continuamos descartando la naturaleza: los mejores exponentes son los brutales destrozos de la minería -dejándolo todo luego contaminado y arruinado- y la deforestación artificial –sembrando destrucción y muerte en la vegetación-. Dominamos, hacemos de la naturaleza como otro objeto de consumo (ambicioso para las grandes empresas), como algo sin relación con nosotros y luego “descartamos”.

3) Lo más grave, descartamos a las personas. Millones y millones por la pobreza así como por diversas causas. Hoy, esta Semana Santa, en las puertas de Europa, miles de refugiados descartables y descartados. ¡Hasta nos permitimos el lujo de pagar a Turquía para que los mantenga un poquito más lejos, en Asia! (¿Ojos que no ven corazón que no siente? Eso pareciera).
No hay duda, este “paradigma, sistema, modelo” que nos atenaza y nos arrodilla ante el dios ganancia, dinero, mercado… ha universalizado la “cultura del descarte” y hasta a muchos que nos llamamos cristianos nos hace ver las cosas como “normales” cuando no lo son. Comenzamos por los pantalones vaqueros y terminamos por los refugiados de Asia o de Africa…

Hay otras alternativas, hay otros modelos, siempre que pongamos a las personas –y su dignidad- en el centro y éstas tengan claro que deben también cuidar “la casa común”, que no puede ser descartable.

José María Rojo García
Sacerdote. Director del Instituto Español de Misiones Extranjeras

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