EL CORPUS Y EL CUIDADO DE LA “CASA COMUN”

Cena Ecológica Querência, MT, BrasilHay fechas, sucesos, fiestas… que a uno lo vuelven gratamente a su infancia, a esa etapa feliz que uno vivió en su tierra natal, junto a familiares, vecinos, amigos y en contacto con la naturaleza. En mi caso, una de ellas es el Corpus Christi (sí, uno de esos “tres jueves del año que relucen más que el sol”). ¡Cómo no recordar aquella inocente ilusión que sembraban nuestros padres y nos llevaba por el campo –muy niños- a recoger bolsas de pétalos de todos los colores para derramarlas delante del Santísimo en la procesión! Y, un poco mayores, acompañar a segar y traer las “respadañas” y el tomillo en flor para alfombrar la parte de calle que tocaba a la familia y cortar los ramos para colocar en puertas y ventanas…

-Pero eso era un destrozo de la naturaleza…

-¡Por favor! ¿Quién mejor que los hombres y mujeres del campo para saber lo que hay que cortar y lo que no hay que cortar? ¿Quién mejor que ellos para cuidar de la naturaleza, de la madre tierra, y saber cómo protegerla mejor?

Por supuesto que entonces no necesitábamos mucha teología para saber que Dios, Padre/Madre bueno/a nos lo había regalado todo para compartirlo, cuidarlo y mejorarlo. Hoy, en cambio, con muchos diplomas y conocimientos, los humanos estamos arrasando el planeta con la contaminación, la deforestación y consiguiente desertización,… El cambio climático nos golpea en la cara de las formas más contradictorias: sequías e inundaciones, tifones, huracanes y tsunamis, glaciares que de derriten…

Hasta ahora los poderosos de la tierra no han sido capaces de ponerse de acuerdo en lo que saben es necesario para frenar el desastre y cumplirlo ¿Lo harán en la Cumbre de París a finales de este año? Gritémosles a la cara que lo hagan, que frenen este loco “desarrollo consumista”.

Corpus Christi, sí. Comulgar con Cristo es comer su cuerpo pero es, igualmente, reducir o eliminar la brecha entre ricos y pobres, compartir con los hermanos (con todos, para “que no haya necesitados”) y es “cuidar la casa común”, el planeta tierra que habitamos. Si te dices o te llamas cristiano, sabe que tienes un compromiso serio en ello; hoy es pecado maltratar la naturaleza y despreocuparse del serio problema ecológico que afrontamos.

Imposible regalar a nuestros niños esas experiencias de mi infancia rural leonesa -¡estamos en una sociedad urbana!- pero todos tienen el derecho a disfrutar de una naturaleza bella y sana. No condenemos a las generaciones venideras a un futuro inhumano.

José María Rojo García
Sacerdote. Director del Instituto Español de Misiones Extranjeras

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