Iglesia y comunicación

Por Richard Aguilar*

"A la verdad, no me avergüenzo del evangelio,
pues es poder de Dios para la salvación de todos los que cree."
El apóstol Pablo a los romanos.

Hoy el debate de la comunicación se centra más en las formas, en los medios que utilizamos y en las nuevas tecnologías para comunicar un mensaje, sin embargo, pocas veces se aborda el tema del contenido y el propósito de lo que debe comunicar la iglesia cristiana. A la iglesia cristiana podemos definirla como "la comunión de los creyentes", aquellos creen en "el único Dios verdadero, personal e infinito". Esta creencia en sí misma define una relación entre Dios y los creyentes y, claro, toda relación para ser verdadera establece una comunicación entre las partes.

En primera instancia, Dios como persona es el que llama y el que se comunica, es el gestor de toda comunicación, pues es el creador de todo lo que existe. Al crear al hombre a su imagen y semejanza imparte en él el hálito de vida y le da el lenguaje para que se comunique con Él y con otros de su misma carne. Las palabras de Francis Schaeffer son muy oportunas en este aspecto:

"El hombre está hecho a la imagen de Dios; por lo tanto, partiendo de la base de que Dios es un Dios personal, el abismo está, no entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y todo lo demás"

La comunicación existió desde el principio como una muestra de la belleza y perfección de Dios en la creación, este Dios único y creador, se comunica con sus criaturas, y aún siendo infinito por su propia naturaleza, no es impersonal, no es una entelequia, es una persona que se relaciona, que siente, que ama, que comunica su perfección para ser adorado y exaltado como Dios único y verdadero.

Por principio, la iglesia (la comunión de los creyentes) comunica la existencia de Dios en toda su perfección, tanto dentro de su seno como al mundo con que se relaciona. De allí que "el conocimiento de Dios" es una de las cosas más importantes que la iglesia debe impartir y enseñar. Juan Calvino comprendió, como uno de los primeros, la importancia de este concepto:

"Yo, pues, entiendo por conocimiento de Dios, no sólo saber que hay algún Dios, sino también comprender lo que acerca de Él nos conviene saber, lo que es útil para su gloria, y en suma lo que es necesario... con todo no bastará entender de una manera confusa que hay un Dios, el cual únicamente debe ser honrado y adorado, sino que también es menester que estemos resueltos y convencidos de que el Dios que adoramos es la fuente de todos los bienes, para que ninguna cosa busquemos fuera de Él."

En este conocimiento está la clave del entendimiento de hombre mismo, como semejanza de Dios. En este conocimiento yace el propósito de la existencia humana, el sentido de la historia y los tiempos, la creación y todo lo que existe. En este conocimiento está el entendimiento de la salvación del hombre, las relaciones humanas, la libertad, la justicia, la verdad, la gracia y todos los valores y virtudes que definen nuestro mundo. Y este conocimiento tiene su fuente primaria en las Escrituras, como la revelación especial de Dios mismo. Juan Calvino reflexiona al respecto cuando dice: "Dios no solo se ha valido de maestros mudos, como son sus obras, sino que también tiene a bien enseñarnos a través de su Palabra, que es una nota y señal mucho mas cierta para conocerlo"vi. Y de esta Palabra, la iglesia proclama y comunica su mensaje al mundo.

Ya que el mensaje que la iglesia debe comunicar es muy amplio, vale la pena sujetarnos al menos a cuatro perspectivas que debe comunicar consistentemente. La primera, el propósito de todo lo creado y el fin de todas las cosas; la segunda, la realidad del ser humano, su dilema y su miseria; la tercera, la opción de salvación del hombre y su transformación; y la cuarta, la gratitud a Dios por su salvación.

La iglesia como una comunidad viva, no parte a ciegas en su camino de fe, tiene un norte definido y un claro propósito de su existencia. De hecho todo lo que existe está enmarcado en la Gloria de Dios. Esto es lo que la iglesia debe comunicar: que nada se escapa de las manos de Dios y que todo se centra en Él. Así lo entendió el Apóstol Pablo cuando escribió en su doxología al único Dios verdadero:

33¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!,
34 porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero?
35 ¿Quién le dio a él primero, para que le fuera recompensado?,
36 porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. (Romanos 11:33-36. RV95)

Este es un himno al esplendor de Dios, un reconocimiento pleno de la absoluta soberanía de Dios y para los creyentes un mensaje de mucho consuelo, pues les comunica que nada está al azar y a la ventura, sino que todo tiene su razón de ser en Dios. Sus implicaciones son profundas y muy importantes para el hombre creyente. En primer lugar, porque el creyente debe reconocer que todo lo que es y hace es para Dios y no para sí mismo; además, requiere que lo que se es y hace debe hacerlo con amor y belleza, proponiendo lo mejor de sí. Por eso Pablo, luego de escribir este canto a la majestad de Dios, inmediatamente dice: "Les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios" (Romanos 12:1 NVI). Es curioso que mencione que ofrezcamos a Dios nuestro cuerpo, pero tiene mucho sentido, pues ofrecemos lo que somos, pensamos, anhelamos y hacemos, como algo perfecto y agradable. Sin embargo, este mensaje para los no-creyentes produce ciertas dificultades y, por qué no decirlo, rechazo.

El punto de tensión es que no pueden aceptar que todo sea para Dios. Es una disputa de poder, ya que el hombre no-creyente está acostumbrado a pensar que es el centro de toda la existencia. Para complicar el asunto, declarar la soberanía de Dios sobre todo excluye total y definitivamente que haya otro dios u otro camino para el hombre, que no sea Élviii, y esto violenta a otras personas de otras creencias. En términos fríos es una verdad incómoda y por esta razón ésta afirmación debe ser explicada y comunicada inteligentemente, con actos de justicia claros y obras buenas. El Apóstol Pedro tuvo el mismo dilema en su tiempo, por eso dice a sus allegados creyentes que "mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación" (1 Pedro 2:12. NVI). Es decir, comunicar esta verdad de Dios, no solo es una idea religiosa, sino una práctica de vida que los demás pueden ver, aprobar y en algún momento seguirla. Timothy Keller afirma:

"¿Por qué un sistema de creencias tan excluyente conduce a una conducta tan abierta hacia otras? Porque los cristianos tienen dentro de su sistema de creencias el recurso más fuerte posible para practicar el servicio, la generosidad y la pacificación. En el corazón mismo de su visión de la realidad estaba en un hombre que había muerto por sus enemigos y que había orado para fueran perdonados."

Ahora bien, si el propósito y fin de todas cosas es para gloria de Dios, debemos tener una actitud humilde delante de Dios, tal como ya el rey David cuando dijo: "La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad". (Salmos 115:1. NVI). Luego insiste a los creyentes: "Proclamen su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos". (Salmos 96:3. NVI).

La segunda perspectiva que la iglesia debe incluir en su mensaje es sobre la realidad de hombre y su dilema moral. ¿Cómo fue creado el hombre?

Dios creó al hombre bueno haciéndolo a su imagen y semejanza, es decir, en verdadera justicia y santidad, para que rectamente conociera a Dios su Creador, le amase de todo corazón y bienaventurado viviese con El eternamente, para alabarle y glorificarle.

Esta declaración pareciera una utopía, pero fue una realidad. El hombre fue creado perfecto, de hecho Dios mismo después que creó al hombre y a la mujer dijo "bueno en gran manera" (Génesis 1:31. RV95). Sin embargo, el hombre perdió esta condición porque no le creyó a Dios cuando le dijo que "no comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque de cierto morirá" (Gen. 2:17). Le creyó a la serpiente y destruyó su verdadera justicia y santidad. Desde entonces el hombre quedó con una naturaleza adicta al pecado y renuente a buscar a Dios, de hecho la muerte es la condición espiritual del hombre. Esta es su triste realidad, no importa lo que haga, ni el mérito que ponga: está muerto y no puede encontrarse con Dios. Con razón, el Profeta Isaías describe: "Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento" (Isaías 64:6. NVI). El apóstol Pablo lo reafirma, "pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3:23. NVI).

Por eso el pecado está latente en todas las relaciones que hombre tiene. Por ejemplo, con la naturaleza, el hombre ya dejó de ser un mayordomo de la creación de Dios, y se ha convertido en un destructor de la naturaleza, con un apetito voraz por consumirlo todo y destruirlo todo. Y no son solo las grandes compañías que destruyen y contaminan el medio ambiente, somos nosotros, sino veamos la gran cantidad de basura que manipulamos en nuestros hogares, o el desperdicio inconsciente que hacemos del agua. En las relaciones con otras personas, el hombre es un bárbaro cruel, no en vano la Palabra de Dios dice:

1 También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos.2 Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. (2 Timoteo 3:1-5 RV95)

Sin embargo, aunque el hombre no pueda llegar a Dios por sí mismo, porque es un pecador, debemos decir que hay algo de dignidad en el hombre, hay ciertos destellos luz, porque no es un cero. De allí el dilema: el hombre se mece en una lucha entre la crueldad y la noblezaxi. Si la iglesia se quedará solamente en la comunicación de esta perspectiva, presentaría un mensaje deprimente, desesperanzador y oscuro. Pero no es así, a veces para apreciar la luz debemos saber como son las tinieblas. En la fe cristiana es importante que el hombre reconozca sus propias tinieblas, la pobreza de su condición y la realidad de muerte en su ser. La buena noticia es que hay esperanza para la transformación del hombre en Jesús-Cristo, el hijo de Dios, la única provisión de Dios para el hombre pecador. El Apóstol Juan afirma:

1 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 14 Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Juan.1:1,14. NVI).

Esto es lo impensable, que Dios se hizo carne, que se hizo hombre para redimir hombre. Este es un mensaje único que debe ser entendido apropiadamente. James Packer en su libro Conociendo a Dios dice:

La verdadera dificultad para nuestros días [...] radica [...] en el mensaje de la encarnación de la Navidad. La afirmación cristiana realmente asombrosa es la de que Jesús de Nazaret era Dios hecho hombre... En esto reside la verdadera piedra de tropiezo del cristianismo. Es en este punto en el que han naufragado los judíos, los musulmanes, los unitarios, los Testigos de Jehová... La encarnación constituye en sí misma un misterio insondable, pero le da sentido a todo lo demás en el Nuevo Testamento.

El hecho que nos presenta el prólogo del evangelio de San Juan, afirmando que el niño que estuvo en el pesebre en la navidad es Dios, nos deja asombrados, pero presenta una esperanza al ser humano alienado de Dios. Al respecto, la carta a los Hebreos nos aclara un poco el panorama:

17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados (Hebreos 2:17. RV95).

Como vemos este Dios-hombre se identifica con el ser humano caído, sabe lo que sufre y lo que siente y así provee para el hombre el auxilio oportuno. En Jesús -Cristo es donde se resuelve el dilema humano. Por eso Él vivió una vida sin pecado para responder por los pecadores (1 Pedro. 2:21,22) delante de Dios Padre. Y por esa razón, pagó por nosotros con su muerte, la liberación de nuestra muerte, y volvió a vivir para darnos vida. El apóstol Pedro afirmo esta verdad: "18 Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su *cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida" (1 Pedro 3.18. NVI)

La transformación y salvación del hombre es posible a través de Jesús-Cristo. Él dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6. RV95). Este es el evangelio, la buena noticia, que Dios vino a salvar a los pecadores, por esa razón el hombre debe creer y recibir a Jesús. Juan escribió: "Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12. NVI). El hombre para llegar a este punto debe hacer dos cosas puntuales que Jesús le demanda: "Arrepentirse y creer en el evangelio" (Marcos. 1:15. NVI).

¿Qué es arrepentimiento? El arrepentimiento involucra una renunciación total de sí mismo, de ser capaz en alguna forma de hacer las cosas que nos hacen aceptables delante de Dios. El arrepentimiento involucra una confesión a Dios de su pecaminosidad y culpabilidad y una actitud de la mente, la cual desea alejarse de sus pecados. Esto involucra salir de su ser pecaminoso y volverse a Jesucristo en Fe.

¿Qué es la fe? La fe salvadora es confiar en Cristo solamente como el único que puede Perdonar nuestros pecados y darnos una relación personal con Dios. Por eso Pablo afirma en su carta a los Efesios:

8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios,9 no por obras, para que nadie se jacte.10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. (Efesios 2:8-10)

El evangelio es Dios mismo y es el único recurso perfecto para la una nueva vida de todo aquel que arrepiente y cree, este es el mensaje por excelencia que la iglesia debe comunicar al mundo.

La cuarta perspectiva que la iglesia debe comunicar es sobre la gratitud que los creyentes deben a Dios por su salvación. Esta gratitud nace de un corazón lleno de amor para Dios. La palabra de Dios dice:

1 Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos.2Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios.3 En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir. (1 Juan 5:1.3).

La gratitud en el hombre nuevo no carece de estructura, pues está basada en el cumplimiento de los mandamientos de Dios. No por obligación, sino por amor que le reverenciamos a Dios. Las cosas que se hacen por amor tienen el brillo de una alegría verdadera muy concreta en la realidad de la vida. Veamos lo que dice Pablo: "El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados". (Efesios 4:28. NVI).

Aquí menciona lo que era el hombre antes de ser transformado por la gracia de Dios ("el que robaba"), luego dice al hombre nuevo en Cristo-Jesús que "trabaje honradamente". Pero no queda ahí el asunto, sino que la gracia transformadora va más allá ("comparta con los necesitados"). Esto es lo que hay en un corazón agradecido a Dios, el que antes quitaba al prójimo ahora es generoso y da a los que no tienen. Esta es la victoria del cristianismo que muestra con obras de justicia, la verdad de Dios.

Esta gratitud a Dios también se evidencia en forma concreta, cuando los hijos de Dios se aman en las situaciones concretas de la vida, por eso la Palabra de Dios dice: "Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran" (Romanos 12:15). Para concluir, la fe cristiana no es una fe de palabras sino de obras de justicia y verdad. Por lo tanto, "nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente". (Hebreos 12:28. NVI).

Entonces, el contenido que la iglesia debe comunicar al mundo, es el conocimiento de Dios, conocimiento que explica los grandes actos de Dios para que el hombre sepa que Él es soberano. Bajo este concepto, el hombre debe reconocer que todo está dedicado a la gloria de Dios. Asimismo, el hombre reconocerá en el mensaje de la iglesia su condición caída, pero también la oportunidad de vida en Jesús- Cristo, el Dios- hombre verdadero, quien es su sustituto para pagar su deuda y hacerle libre para que viva una vida completa. Una vida de gratitud, amor y justicia para con Dios y los hombres.

 

* Ecuatoriano, máster in Divinity. RTS, pastor principal en la Iglesia -Cristo Redentor en Quito-Ecuador, vicepresidente de la Sociedad Bíblica del Ecuador y docente de Teología.
E mail: fruitiodei@gmail.com

Artículo publicado en la edición 112 de la Revista Latinoamericana de Comunicación CHASQUI, editada por CIESPAL

Bibliografía:

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* Packer, J. I. (1985). Conociendo a Dios Barcelona, España: Clie.
* Schaeffer, Francis. (1974). El Esta Presente y no Está Callado. Miami FL: Logoi.
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