Desafíos para una Pastoral de la Comunicación

Por Carlos A. Valle*
Las iglesias cristianas siempre le han dado mucha importancia al cuidado pastoral, aun cuando lo que entendieron por tal cuidado tuvo muy variadas interpretaciones en distintas épocas. En algún momento se puso el acento en el dolor, la angustia y los problemas de la gente respecto de su destino final. Paul Tillich considera que estas necesidades han variado según la época: ansiedad ante la muerte, en la iglesia primitiva; el sentido de culpa en la Edad Media; el sin sentido de la vida en los tiempos modernos. Aun cuando el cuidado pastoral siempre fue un intento por responder a las necesidades humanas, su institucionalización en el "sacramento de la penitencia" dominó el cuidado pastoral e hizo que su ejercicio quedara únicamente en manos de los clérigos, excluyendo a los laicos. Al mismo tiempo, se distorsionó el propósito original del sacramento centrado en el arrepentimiento y el perdón de los pecados, por la introducción de indulgencias pagas. Los reformadores criticaron fuertemente el abuso que se hizo de las indulgencias y afirmaron, basados en su comprensión del "sacerdocio universal de los creyentes", que el cuidado pastoral no es exclusiva responsabilidad de los sacerdotes. El sistema medieval, sacramental y jerárquico, le había dado a los sacerdotes el monopolio de las relaciones con Dios y con los seres humanos. Pero, para los reformadores, a la luz de la enseñanza bíblica de la justificación, esto era insostenible, porque todos los creyentes comparten el sacerdocio.
Comunicación solidaria

Si el cuidado pastoral es responsabilidad de todos los creyentes, eso no significa que se limita a responder a las necesidades de los creyentes. El "sacerdocio universal" está integrado a la misión de la iglesia, una misión que es para la comunidad toda e involucra a la totalidad del ser humano y su realidad. Por eso, el cuidado pastoral debe esta integrado en una pastoral misionera, en donde la comunicación juega un papel significativo, porque la comunicación "puede revitalizar a las comunidades y reavivar el espíritu comunitario, porque el modelo de comunicación auténtica, al igual que el modelo de toda comunidad, es abierto e inclusivo antes que unidireccional y excluyente" (WACC).
La gente elige, selecciona, interpreta
En el desarrollo de una pastoral, el papel de la comunicación tiene que ver, primeramente, con la dignidad de las personas. La comunicación, especialmente la que ofrecen los medios, se dirige a audiencias masivas, pero no es recibida por audiencias masivas. Lo cierto es que la gente recibe, selecciona e interpreta, desde su propia óptica social y cultural, los mensajes que les transmiten y, desde ese trasfondo, saca sus propias conclusiones.
El hecho de que grandes audiencias respondan a estímulos triviales, no significa que no estén preparadas para recibir nada mejor. La multiplicación de canales de televisión no necesariamente ha multiplicado las opciones. Se las ofrece como una múltiple oferta para "todos los gustos", cuando en realidad es más de lo mismo. Se puede elegir entre lo ofertado, pero no pueden decidir cuáles serán las opciones.

Esto, tan evidente en el campo del entretenimiento, también sucede en el campo de la información. La instantaneidad de la información sobre lo que ocurre en cualquier parte del mundo es una realidad. Sin embargo, la mayoría de la información recibida está delimitada en su alcance y contenido. Para muchas de las cadenas informativas, la información "mundial" parece reducida a lo que pasa en dos o tres lugares, lo demás no existe, a menos que medie una catástrofe. Así, la información se escamotea, se disfraza, se maquilla, se manipula. Los peligros son cada vez mayores. La gente depende de ciertas fuentes de información, las cuales no solo proveen las noticias sino también las pautas de comprensión y las normas de conducta a seguir.
A pesar de todo, la experiencia ha demostrado que, en países donde la información ha sido censurada, restringida y manipulada, sus habitantes siempre han encontrado caminos para conocer lo que estaba realmente sucediendo. Pareciera que, cuando la información se presenta en blanco y negro, como si los matices no existieran, los mecanismos de la seducción pierden su fuerza. En sociedades más abiertas y de tradición democrática, por el contrario, los disfraces de la manipulación y el control de la información son mucho más sutiles. La proclamada libertad de la información es predominantemente propiedad privada, un territorio con leyes propias, donde la información es una mercancía que se compra y se vende. Esta tentación se presenta tanto para quienes quieren promover sus productos, como para los que gobiernan y también para los responsables religiosos.
Una pastoral de la comunicación a partir de la gente
El desarrollo de las comunicaciones ha sido tan apabullante y complejo que es difícil comprenderlo. ¿Qué es lo que deben y pueden hacer las iglesias en este contexto? Una pastoral misionera de la comunicación tiene que estar, fundamentalmente, centrada en la gente y no en la preservación o el engrandecimiento de las instituciones eclesiásticas. Un comunicador de radios comunitarias en Le Cayes, Haití, cuyo lema es "Una comunicación diferente para una sociedad diferente", define un posible camino cuando afirma: "No queremos hablar solo para que la gente escuche, también queremos escuchar a la gente. No decimos que somos ‘la voz de los sin voz'. No hablamos por el pueblo. Queremos ser su megáfono."

No se puede comunicar sin escuchar. No se puede presumir de interpretar el sentir y las necesidades de la gente si no se aprende a escucharla y comprenderla. La tarea misionera no es la de un cartero que entrega un mensaje que le han dado. La comunicación es un proceso de compartir, de dar y de recibir, de sorprender y ser sorprendidos. Porque el mensaje revela nuevas luces y dimensiones, desnuda falsedades y alienta nuevas esperanzas. El mundo se ha convertido en un complejo escenario al que algunos tratan de modelar a su imagen y semejanza, devorando y anulando diferencias y matices, para componer una única una imagen globalizada. El desarrollo de una pastoral de la misión enfrenta nuevos desafíos que reclaman una honesta autocrítica, a fin de recrear sus objetivos y modos de llevarla a cabo.
Globalización y contextualización
Un trabajo desde la perspectiva asiática sobre globalización y contextualización, elaborado por Gerrit E. Singgih, representa una búsqueda en esta línea. Singgih está convencido de que el cristianismo en el Tercer Mundo, por mucho tiempo, no había podido ver su propia realidad, porque estaba prisionero del molde occidental que dominaba la visión cristiana que ha heredado. Para Singgih, esa dependencia ha impedido dejar a un lado lo que él llama un "realismo ingenuo". En la presencia de una creciente globalización. ¿Cómo debe enfrentar esta realidad y superarla?

Singgih comienza por considerar la globalización como "una nueva concientización de la propia realidad". Tres temas se presentan como ineludibles en la perspectiva de la misión: la economía, la ecología y el pluralismo religioso, porque representan los temas cruciales de un mundo cada vez más interrelacionado. Han sido motivo de discusión en diversos círculos pero, no necesariamente, han tenido una prioridad en la perspectiva de la pastoral. Es importante rescatar que, cuando la preocupación misionera analiza las determinantes culturales que la sustentan, emerge la relevancia de ciertos temas y la necesidad de rever las prioridades. Economía, ecología y pluralismo religioso comienzan a mostrar su interconexión y la importancia de esta relación para su tratamiento y comprensión.

La globalización de la economía, el control sobre los recursos y la centralización de la toma de decisiones ha acentuado el dominio de una cultura produciendo marginalización e injusticia. Por eso la "nueva concientización" reclama que la consideración de los temas, que son globales pero no tienen la misma incidencia en todas partes, esté abierta a todos los involucrados a fin de que puedan compartir cómo los entienden, de qué manera inciden en su propio contexto, como interpretan deberían ser encarados y se establezcan acuerdos justos y equitativos. Se trata de abrirse a un ejercicio comunicacional, a partir del cual pueda descubrirse ignoradas realidades y ocultos motivos, todo lo cual dará lugar a que afloren nuevos cuestionamientos e inéditas salidas. Será una oportunidad de romper moldes que dominan la visión de la realidad. El carácter idolátrico que ha asumido la economía muestra las graves consecuencias que acarrea a la vida del planeta. Consecuencia a las que una pastoral de la misión no puede estar ajena.
Un mundo religiosamente plural
Gregory Baum analiza la gran ambigüedad del relato bíblico al abordar la actitud del "pueblo de Dios" y su relación con los extranjeros. Baum encuentra pocos pasajes que se refieran a la solidaridad universal, y que muchos restringen la solidaridad a la comunidad de creyentes. La ecuación "nosotros-ellos" está tan extendida, que excluye a "ellos" de la participación y crea una retórica negativa acerca de la condición de otro. La actitud de las iglesias cristianas ha estado fuertemente influenciada por esta tendencia. Ha establecido una relación "nosotros-ellos" que ha tendido, en ciertos casos, a alejar o menospreciar a quienes no pertenecen a su comunidad, se trate de personas de otra religión, no interesadas en la religión o miembros de otra iglesia. Algo que muchos continúan experimentando. Así lo expresa Pradip Thomas cuando alguna vez confesó que siempre tuvo problemas con el hecho de anteponer el ser cristiano al ser humano. En otros casos, esa relación ha sido motivo de confrontación, condenación, enemistad. En la historia del cristianismo, las páginas referidas a la actitud asumida contra los paganos o herejes son de las más vergonzantes.

Es importante preguntar en qué medida las iglesias han contribuido a diseminar este distanciamiento, esta incomunicación entre los seres humanos negando su propia razón de ser: estar al servicio de la comunidad humana en su conjunto. No por casualidad, cuando se quiere exacerbar los ánimos, producir miedo, la confrontación religiosa adquiere el papel más destacado. Después de los dolorosos hechos ocurridos en los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, Jim Maureckas escribió en un editorial de la revista del "The Media Watch Group", en New York: "¿Puedo sugerir una nueva definición de ‘nosotros' y ‘ellos'? ‘Ellos' son los que creen que pueden hacer del mundo un mejor lugar arrojando bombas y destruyendo edificios, diseminando la enfermedad y el hambre. Y ‘nosotros' somos el pueblo destinatario de esa destrucción -ya sea que vivamos en Manhattan o en Kabul."
Hans Küng ha tratado de desarrollar una propuesta de búsqueda de una nueva ética mundial, porque considera que no hay sobrevivencia sin una ética mundial, sin paz entre las religiones y sin diálogo entre ellas. Propone iniciar un proceso de comunicación a partir del cual el respeto de las diversas religiones en el marco del diálogo sea el fundamento del desarrollo de una nueva forma de convivencia en el mundo. Se trata de una propuesta que llama a la acción, una acción que es esencial a una pastoral de la misión.
La comunicación desafiada

Una pastoral de la comunicación, cuyo interés central es la gente, tiene que asumir como propios los desafíos que emergen de este nuevo mundo marcado por los procesos de globalización, el creciente desarrollo tecnológico, la economía liberal de mercado, a la vez que enfrenta las crecientes brechas entre ricos y pobres. Las comunicaciones no son ajenas a este proceso y, su desarrollo y las estructuras que las sustentan, tienen las posibilidades de acrecentar las injusticias o proveer nuevas oportunidades de desarrollo para la comunidad. Hay, al menos, cuatro desafíos relacionados con la comunicación que una pastoral misionera debe enfrentar.
Por una comunicación democrática
El primer desafío es trabajar a fin de que los medios masivos lleguen a ser espacios de comunicación democrática.

Si bien, una buena parte de las iglesias menospreciaron la comunicación masiva y la rechazaron, varias de ellas la aceptaron con entusiasmo, especialmente si eran sus dueños o tenían posibilidad de controlarla, o al menos influenciarla. Los que la criticaron adujeron que, por su naturaleza manipulativa, apela a los sentimientos y tiende a reafirmar la cultura dominante.

No es necesario caer en relativismos y afirmar que los medios pueden ser reducidos a simples herramientas instrumentales objetivas. No son omnipotentes, pero son muy poderosos. La cuestión es en manos de quién o quiénes están, qué es lo que están comunicando, ante quién o quiénes son responsables. Las iglesias ya no pueden permanecer más al margen de esta nueva realidad. No basta sostener la importancia de vivir en democracia para que cada uno tenga derecho a decir lo que siente o quiera. En un pequeño pueblo cada palabra tiene un eco en la comunidad. El crecimiento de las ciudades ha hecho desaparecer este eco y lo ha convertido en una ilusión. El pregón callejero se ha convertido en una nota nostálgica.

La ciudad tiene sus reglas. El acceso a la comunidad en su conjunto depende básicamente del acceso a los medios. Ningún sector puede alcanzar a toda la comunidad si no tiene un adecuado acceso a los medios. Es cierto que, cuando la necesidad de la comunicación existe y los medios le son negados, el pueblo siempre encuentra la manera de comunicarse. Los medios no pueden ahogar la voz de la gente, pero son parte de las herramientas de comunicación de la ciudad. Quien no tenga acceso a ellos estará marginado. El acceso a los medios es un derecho de la vida en la ciudad que es necesario reclamar.

Conjugar medios masivos con comunicación democrática significa, sin lugar a dudas, un cambio de mentalidad. Presupone que las iglesias no limiten su acción a lograr un espacio en los medios si no trabajan a favor de una auténtica estructura democrática de los medios, que permita que la gente pueda hablar y ser escuchada libremente. No debe olvidarse que, después de todo, no hay democracia sin libertad, libertad sin igualdad, ni igualdad sin participación. Una pastoral de la comunicación debe asumir como una de sus responsabilidades trabajar para que los medios masivos sean espacios de comunicación democrática.
Ni mayorías, ni minorías, solo pueblo
El segundo desafío de una pastoral misionera de la comunicación es trabajar a favor de una pluralidad de perspectivas.

Como se ha dicho, este mundo de comunicaciones globales presencia al mismo tiempo el surgimiento de las culturas locales. El sueño de la homogeneización de la cultura ha desembocado en una pluralidad de perspectivas. Cada vez más se presencia la búsqueda de expresiones locales, el rescate de las culturas indígenas, la necesidad de definir la propia identidad y sus raíces. Sin embargo, trabajar a favor de una pluralidad de perspectivas no significa impulsar la estratificación, la segmentación o la división de los pueblos. El líder sudafricano Biko solía decir que no hay mayorías o minorías, sino solo pueblo.

Reconocer la igualdad de los seres humanos y la existencia de una sola familia humana no puede ocultar las enormes desigualdades que persisten en el mundo. Baste mencionar la enorme cantidad de seres humanos cuyas posibilidades las remotas posibilidades de sobrevivir y llegar a ser personas son muy remotas o las desiguales relaciones de poder entre naciones y continentes.

Las estructuras comunicativas de muchos países responden a los grandes conglomerados económicos, ya sea porque son sus propietarios o sus sostenedores. De manera que, los criterios de la información que proveen se definen en función de su preservación y la obtención de sus beneficios. ¿Cómo es posible que los marginados de este mundo, indígenas, minorías étnicas, los grupos más pobres encuentren un lugar en los medios? ¿En qué momento logran ser noticia?

Para responder a estas y otras preguntas habrá que pensar cómo se estructura una sociedad cuya autoridad esté al servicio de la gente, y cómo se redistribuye el poder para lograr una verdadera participación y una auténtica comunicación. En esta búsqueda, las iglesias tienen la oportunidad de ofrecer un enorme servicio.
El derecho a la comunicación
El tercer desafío a las iglesias es trabajar para que la comunicación sea reconocida como un derecho humano.

El documento Aetatis Novae (1992) de la Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales de la Iglesia Católica Romana lo dice en forma muy clara: "No se puede aceptar que el ejercicio de la libertad de comunicación dependa de la fortuna, de la educación o del poder político. El derecho a la comunicación pertenece a todos." Por eso también insiste en que "El derecho a la comunicación forma parte del derecho a la libertad religiosa, el cual no debería estar limitado a la libertad del culto."

Referirse a la comunicación como un derecho humano es referirse al derecho de los individuos y de las comunidades a ser sujetos y no objetos de la comunicación. Derecho humano de los grupos populares a participar en la producción y distribución de sus mensajes. Derecho humano a la formación y el desarrollo de las capacidades de comunicación, especialmente de los grupos marginados. Derecho humano al respeto por la integridad y dignidad de las mujeres, rechazando estereotipos y reconociendo su creatividad. Derecho humano a que se proteja la cultura local, la producida por el pueblo, y que ésta no sea avasallada por los intereses comerciales o de las grandes potencias. Derecho humano a la libre expresión de las ideas, favoreciendo el uso de los medios por parte de los que no los poseen. Derecho humano que los sistemas de comunicación estén al servicio del desarrollo integral de la comunidad, con un sentido de participación y crecimiento de la vida comunitaria, esto debe traducirse, necesariamente, en una distribución más justa de la propiedad de los medios.
Comunicación, comunión, comunidad
El cuarto desafío es trabajar para que las iglesias consideren la comunicación como un elemento fundamental para crear comunión y comunidad.

Las iglesias deben hacer todos los esfuerzos a su alcance para que la comunicación sea reconocida como un derecho humano. Esta tarea reclama a las iglesias cuestionen su propia comunicación ¿Es jerárquica o participativa? ¿En qué sentido necesitan las iglesias democratizar su comunicación? ¿Están haciendo las iglesias lugar al clamor del pueblo? Estas preguntas no son retóricas, la comunicación es esencial al ser de las iglesias y, por ello, deben estar dispuestas a pensar seriamente cómo están comunicando. Como WACC afirma en sus "Principios de la Comunicación Cristiana": "La comunicación debe ser considerada un elemento fundamental para las iglesias, como lo es el proceso por el cual se recibe y se comparte el amor de Dios, que crea así comunión y comunidad".

* Argentino, exsecretario general de la WACC (1986-2001), pastor metodista, autor de varios libros y artículos sobre comunicación.
E mail: vallecarlos@fibertel.com.ar

Artículo publicado en la edición 112 de la Revista latinoamericana de Comunicación CHASQUI, editada por CIESPAL