Mujeres: Entre sueños y conquistas

Por: Jaime Carlos Patias*

La crisis mundial y la resistencia de los Pueblos Indígenas estuvieron en el centro de los debates de la 9ª edición del Foro Social Mundial (FSM), realizado en Belém, Pará. A pesar de los problemas en la organización, el saldo final fue positivo. En esta vez, el Fórum aconteció en un momento único, cuando la globalización neoliberal dominada por las finanzas fuera de cualquier control público está en crisis y va perdiendo su hegemonía. Al mismo tiempo, en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial reconocía el fracaso y el descrédito de los principales pilares del sistema, dando así mayor confianza al proceso del FSM.

Un consenso parecía atravesar la mayor parte de las discusiones: la crisis financiera global debe ser pensada conjuntamente a las crisis energética, climática y alimentaria. Las consecuencias del proyecto hegemónico generaron una crisis de sustentabilidad. Lo más importante de todo es que, en la actualidad, el FSM sigue como una de las únicas propuestas multisectoriales e internacionales con un proyecto alternativo emergente. Para un mundo carente de iniciativas, ese es un hecho extraordinario. Otro consenso: la necesidad urgente de definir estrategias de lucha social y política para la superación de la sociedad del capital se hace más urgente. Es importante notar que muchas de las reflexiones realizadas en las reuniones del Foro, viene siendo transformadas en decisiones políticas.

Proceso semejante ocurrió en el día 8 de marzo de 1857, en Nueva York, Estados Unidos, en que las reivindicaciones hechas por un grupo de 130 mujeres resultaron en una represión en la que fueron agredidas y quemadas vivas dentro de una fábrica. El coraje de aquellas heroínas desencadenó en luchas que conquistaron mejoras laborales a lo largo de los años. Restan aun muchas luchas a ser libradas. Hoy en día, poquísimas mujeres aprovechan el día 8 de marzo para recibir homenajes y participar de las conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer celebrado desde 1910. Benditas, marías, manuelas, antonias o juanas, sea que se encuentren labrando el campo, en las oficinas, hogares, industrias, en su mayoría viven rutinas que no son modificadas por los homenajes, manifestaciones o un día de descanso. Algunas defienden ideas, van a la lucha, anhelan conquistas sociales, se convierten en empresarias, reciben premios y construyen una carrera de especialidades. La mayoría, con la huellas de las arrugas y de los dolores del sufrimiento causado por la violencia urbana, por el machismo, por un hijo que se perdió en las drogas o en el delito, por la falta de tierra, vivienda, educación, respeto... Madres y hermanas de la violencia, de los hijos de los tugurios urbanos, del asesino de vidas, y también de los mutilados, de los secuestrados, de los asaltados y violados. Madres y hermanas de los sin-tierra, quilombolas e indios sin patria, de excluidos en los centros y periferias. Mujeres de un cotidiano vivido amargamente, en las zonas inundadas de Santa Catarina o en la falta de agua del desierto. Vivimos un tiempo en que hombres y mujeres provocan sufrimientos para el otro y para sí mismo, por eso, somos también una mayoría de constructores de una Patria llena de reivindicaciones capaces de abrir nuevos caminos.

En el Foro de Belém, las mujeres enfatizaron la relación entre la crisis mundial y el modo como las sociedades patriarcales les niegan derechos. La Asamblea final reeditó la continuidad del actual modelo productivo y las tentativas de mantener el sistema a sus espaldas. De hecho, en el siglo 21, las mujeres conquistarán la condición de tejer una nueva historia. Una historia de sueños, esperanzas y conquistas.

*Jaime Carlos Patias es director de la revista Misiones, máster en Comunicación.