Se desataron todos los virus

Juan Luis Hernández*

Los días que vivimos han sido propicios para que se desaten todos los virus a consecuencia de las históricas medidas que están tomando las autoridades y que nos tienen entre el temor, la incertidumbre, la desconfianza, la incredulidad, el enojo, la cooperación, entre otras actitudes y respuestas.
1. El virus de la incredulidad. Hay un sector de la sociedad que se está inclinando a negar la epidemia. A su juicio, es una más de las artimañas gubernamentales y de los actores fácticos para sacar provecho a río revuelto. Este virus es el resultado de años de mentiras gubernamentales, desconfianza natural ante una cultura de la manipulación informativa. La internet está acumulando una cantidad considerable de incrédulos y sus mensajes son como virus que se están propagando rápida y eficazmente. Desde mi punto de vista, en esta ocasión, esta tesis negacionista resumida en "no hay epidemia, es un invento" no tiene sustento. Son muchos y tan heterogéneos los actores nacionales e internacionales como para sostener todos homogéneamente una mentira de estas dimensiones. Hay testimonios muy puntuales de enfermos, entre ellos el del ex regente de la Ciudad de México Manuel Camacho Solís y actual miembro del movimiento de López Obrador, que muestran que la epidemia es real y que en todo caso son otras las variables que habría que analizar.
2. El virus de la conspiración. No hay suceso como los magnicidios, el 11-S, las epidemias y catástrofes mayúsculas que estén acompañadas de la tesis de que fueron provocadas deliberadamente con propósitos esencialmente o políticos o de lucro. El virus de la conspiración ata cabos, establece relación de acontecimientos, hila fechas, vincula personas y hechos y señala culpables. También este virus se está propagando rápidamente y encuentra acogida entre quienes ven a las farmacéuticas atrás de todo esto. Esta tesis se ubica en el siguiente resumen: "la epidemia existe pero fue provocada por quienes más tarde venderán las vacunas". Esta tesis, como todas las tesis conspiracionistas nunca se podrán demostrar. Pero sí es posible señalar que las farmacéuticas y los gobiernos han sido y son capaces de hacer esto y otras cosas similares. Esta tesis sólo admite dos tipos de seguidores: los que creen en la conspiración y los que no la creen. Punto. No hay más. Aquí estamos sólo en el reino de las creencias. Particularmente me inclino a pensar que esta epidemia que vivimos no fue deliberadamente creada, pero tampoco descarto que sea una posibilidad.
3. El virus del lucro. Ya la crisis económica mundial demostró que la avaricia de banqueros y empresarios no tiene límites y que terminamos pagando todos sus ansias de lucro. Algunos análisis están poniendo el acento como origen de la epidemia en el lucro de las industrias porcícola y aviaria. Esta tesis señala que las industrias globalizadas y trasnacionales tanto porcícolas como aviarias, en su delirio por aumentar la rentabilidad producen "el hacinamiento, la alimentación industrializada e inyecciones masivas de antibióticos y suplementos hormonales (para el rápido crecimiento)", promotores excelentes de una evolución que conduce a cepas patógenas virulentas. Estas cepas patógenas explicarían "la aparición de una red filogenética de influenzas que afectan al ser humano precisamente cuando se globaliza el modelo industrial de producción avícola". Esta manera de operar de las trasnacionales obviamente se produce con la anuencia de los políticos de todos los niveles y colores partidarios, seguramente financiados en sus campañas por aquéllas. En este momento, cada vez más ojos voltean a ver a la trasnacional Granjas Carrol en Perote, Veracruz, donde presumiblemente pudo haber iniciado esta epidemia. Obviamente tendría que hacerse una investigación seria para deslindar responsabilidades, pero personalmente creo más esta tesis toda vez que responde al modus vivendi mexicano, a saber: pobladores que denunciaron a la trasnacional fueron reprimidos por las autoridades, trasnacional operando en México con todos los privilegios y la protección gubernamental, ensuciando el medio ambiente y tirando sus desechos en la comunidad. Esta combinación de políticos corruptos y represores, campesinos organizados reprimidos, trasnacional con ganancias hechas en México y sin una visión mínima de desarrollo sustentable es lo que ha pasado en este país desde que el neoliberalismo se hizo fe. Creo más en esta tesis que en las otras.
4. El virus de la cooperación y la solidaridad. Las autoridades mexicanas han hecho, con sus más y con sus menos, lo que los protocolos internacionales señalan ante una epidemia que puede convertirse en pandemia. Llama la atención que un gobierno panista (el federal), perredista (la capital) y priísta (el Estado de México) estén actuando, insisto, con sus más y con sus menos, en una sola dirección. Pero el virus de la cooperación y la solidaridad una vez más lo están propagando los ciudadanos. La respuesta a las medidas del cerco sanitario han sido ejemplares. Los ciudadanos generalizadamente estamos cooperando y claramente no se aprecia pánico ni histeria colectiva. Creo que el Estado mexicano, es decir, los gobiernos, sus instituciones y sus ciudadanos, están haciendo lo que tienen que hacer ante una epidemia histórica e inédita. Creo que todos debemos seguir contribuyendo para que el virus de la influenza porcina se salga de control. Pasada la emergencia sanitaria habrá que pedir investigaciones y respuestas sólidas ante las preguntas que se agolpan día a día. Por ahora toca propagar el virus de la cooperación y la solidaridad sin descuidar el análisis crítico e informado.

* Juan Luis Hernández A., Politólogo, Director General Académico de la Universidad Iberoamericana Puebla, México.