Camino de la Pascua, en nuestro Ecuador

"...la paz esté con ustedes... y reciban el Espíritu Santo" (Jn 20,21.22)

Queridos hermanos y hermanas:
Nuestro éxodo hacia la Pascua en este año 2008, acompañando a Jesús camino del Calvario y de la Resurrección, viene enmarcado por nuevos rostros sufrientes de Cristo: los que provienen de las catástrofes naturales de los volcanes e inundaciones, y los que proceden de las catástrofes morales que han salpicado nuestra frontera norte por sus dos lados.

Todo lo que concierne al dolor de la humanidad nos concierne también a nosotros. De una manera clara y exigente nos lo acaban de recordar nuestros pastores ecuatorianos en sus cartas. También "Aparecida" hace un llamamiento a los consagrados y consagradas "a hacer de sus lugares de presencia, de su vida fraterna en comunión y de sus obras, espacios de anuncio explícito del Evangelio, principalmente a los más pobres... " (DA 218).

La Junta Directiva Nacional de la CER asume esta misión, especialmente entre los empobrecidos hoy por la inadecuación injusta de nuestras estructuras físicas y sociales para prevenir los desastres, así como por la violencia y la mentira que siembran la muerte en nombre de la seguridad, olvidando que el fin no justifica los medios.

La significatividad de nuestra Vida Religiosa en esta coyuntura, nos desafía, entre otras cosas, a manifestar, en nuestra vida comunitaria y en nuestra praxis pastoral, una preocupación verdadera por los últimos y excluidos, ya sea viendo la realidad desde su óptica, o promoviendo estructuras que los amparen en situaciones de riesgo. Esto puede implicar, además, la renuncia a buscar mejoras en nuestras estructuras (de alguna manera, privilegiadas) para hacer posible y mejorar las de los más pobres.

Estamos llamadas/os a visibilizar de manera creíble el Reino con relaciones interpersonales (comunitarias y pastorales), vividas en diálogo auténtico -sobre todo en casos de conflicto- poniéndonos en el lugar y la piel del otro, en oposición valiente a todo tipo de violencia, para que triunfen la ternura y la bondad.

El seguimiento de Jesús, "camino de la Vida pasando por la Cruz", tiene que hacerse real y verdadero en nuestra solidaridad con las víctimas del "agua" (de la costa) y del "fuego" (del volcán y la violencia) que siembran muerte y dolor en nuestra Patria, y han de convertirse en río y purificación de la "Pascua de la Vida y la Fertilidad".

La generosa entrega de recursos materiales y personales con la gente que sufre, así como la oración confiada no-violenta, son expresiones muy concretas de una Vida Religiosa místico-profética que mira a Dios con los ojos del "herido en el camino" y mira a los damnificados con los ojos misericordiosos y martiriales del Dios Crucificado que triunfa sobre la violenta muerte y la impotente exclusión, para dar a todos "vida y vida en abundancia" (Jn 10,10) y para que "participen de mi alegría y su alegría sea completa" (Jn 15,11)

Invitamos a seguir orando por las personas que están sufriendo por estas y otras situaciones, especialmente en la "hora santa" del Jueves Santo y en la "noche santa" de la Vigilia Pascual. Y continuamos buscando modos y recursos para la solidaridad efectiva con los damnificados, porque "mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos" (Jn 15,8).

Un abrazo fraterno

Junta Directiva Nacional de la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos, CER