Bolivia para los bolivianos

Frei Betto*

Desde la llegada de los españoles, en el siglo 16, los pueblos y las tierras del altiplano boliviano han sido explotados hasta la saciedad. A finales del siglo 16 el 80% de la plata del Virreinado del Perú venía de Potosí, que abastecía el 50% de toda la plata del mundo. En 1610 Cerro Rico de Potosí contaba con 160 mil habitantes, superando en población a todas las ciudades de España, equiparándose con Londres y París.
En la era republicana los indígenas continuaron explotados por los blancos descendientes de europeos. Hasta la elección de Evo Morales, una persona con apellido indígena no ingresaba a la universidad ni podía ser oficial del ejército. En Sucre, capital constitucional del país, algunos restaurantes prohibían explícitamente la entrada a los indígenas.
La parte oriental del territorio boliviano, cuya ciudad principal es Santa Cruz de la Sierra, empezó a desarrollarse a partir de la década de 1970 gracias a las generosas donaciones de amplias extensiones de tierra a ‘colonizadores' blancos. En los latifundios, sustentados en mano de obra indígena, especialmente guaraní y chiquitana, son frecuentes los casos de trabajo esclavo.
Las élites de Bolivia siempre gobernaron con mano dura, dilapidaron las riquezas naturales del país y estimularon el tráfico de cocaína. La familia de Simón Patiño, dueña de las minas de estaño hasta mediados del siglo 20, organizaba fiestas en París que eran la envidia de los millonarios europeos.
Cuando los trabajadores, especialmente los mineros, lograron tener fuerza de presión, fueron reprimidos violentamente, al estilo de las peores dictaduras implantadas por los Estados Unidos en América Latina.
La elección de Evo Morales sólo fue posible después de años de grandes movilizaciones sociales, como sucedió con Lula en Brasil. Por vez primera, en un país donde casi el 70% de la población es indígena, un aimara llega a la Presidencia. Y por vez primera los grupos dominantes quieren zafarse del poder central.
Continúan teniendo el dominio total sobre los grandes medios de comunicación y controlan el poder en los departamentos (provincias) de Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando, que es donde se localizan las nuevas riquezas bolivianas, el gas y el petróleo. Todos los gobernadores de esos departamentos son ahijados políticos del general Hugo Banzer, dos veces presidente del país, una mediante golpe de estado (1971-1978), cuando implantó un régimen dictatorial apoyado por los Estados Unidos, y otra vez elegido, en 1997, habiendo gobernado por estado de sitio del 2000 al 2001.
Evo Morales heredó una estructura estatal corrupta, quebrada, casi sin presencia en los departamentos más alejados, principalmente en los amazónicos, Beni y Pando, en los cuales unas pocas familias son la ley, mandan y desmandan.
Mientras influían en el poder central esas oligarquías nunca hablaron de ‘autonomía'. Las propuestas de autonomía tienen como objetivo mantener el dominio sobre las tierras y los recursos naturales de dichos departamentos. Los llamados estatutos autonómicos son auténticas constituciones paralelas; desconocen las leyes federales y el gobierno central.
La oligarquía se resiste a aceptar la reforma agraria aprobada por la nueva Constitución, que limita la propiedad rural a 5 mil hectáreas, y quieren el control de los beneficios del petróleo y del gas.
La expulsión del embajador Philip Goldberg -con un siniestro currículo marcado por su actuación en las guerras separatistas de la ex Yugoslavia- no fue un acto impensado. El gobierno le avisó varias veces sobre su interferencia en la política del país y sus relaciones con los grupos de oposición para boicotear la legalidad.
Con el apoyo de la Casa Blanca se intentaron varias estrategias para debilitar al gobierno. La más reciente consistió en el referendo revocatorio para decidir sobre la continuidad del presidente Morales. Contra lo que se preveía, el gobierno aceptó la medida y el tiro salió por la culata: Morales fue aprobado por el 67% de los votos; aumentando el porcentaje que lo eligió presidente (54%), incluso en los departamentos de la llamada ‘media luna'.
Conviene recordar que, después de la Segunda Guerra Mundial, importantes figuras del régimen de Hitler huyeron a América del Sur. Según Eduardo Simas, brasileño que trabaja en proyectos sociales en Bolivia, muchos se instalaron en Santa Cruz, a donde también llegaron, en la década de los 70, croatas que huían del comunismo. Uno de los líderes nazis era Klaus Barbie, ‘el carnicero de Lyon'. Vivió 40 años en Bolivia, apoyó las dictaduras y diseminó la ideología nazi antes de ser capturado, en 1983. (De él fue de quien huyó la familia de Ana Frank y fue él quien asesinó a Jean Moulin, líder de la Resistencia francesa).
En los departamentos rebelados contra el gobierno muchos militantes anti-Morales integran grupos neofascistas, como la Unión Juvenil Cruceñista, que no tiene vergüenza en exhibir la svástica por las calles, ni en amenazar y atacar personas de acuerdo con el color de la piel y su lugar de origen.

Un país no puede pertenecer a un grupo de familias. Y en Bolivia los indígenas son mayoría. Hace bien el presidente Lula en respaldar al gobierno de Evo Morales y en respetar la soberanía boliviana.

*Frei Betto es fraile dominico brasileño, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 53 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.
Asesor de movimientos sociales, camo las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 45 años. En los años 2003 y 2004 fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.autor de "Cartas desde la prisión", entre otros libros.

Traducción de J.L.Burguet