Juan Pablo II: Un "przyjaciel" del pueblo

Como una caricia para mi alma de periodista, estoy en Roma en estos días de la beatificación de Juan Pablo II. No creo poder ni resumir ni sintetizar ni editar lo que me habla desde el corazón que ama al pueblo humilde que cree y no pregunta.
Que no entiende de intelectualismos pero sí de gestos de cercanía.
Que habla con sus pies que caminan sin cansancio hasta los santuarios.
Que escucha con su oído que sintoniza el idioma de la fe.
Que viaja sin saber dónde va dormir pero que sabe que lo importante es estar donde dicta ese impulso para manifestar desde el número y con esa personalidad que la gente ama a Karol Wojtyla.
El pueblo polaco, tan rubio, tan tosco en sus maneras pero dulce en la voz, copó Roma y se convirtió en anfitrión. Roma prestó la casa y los polacos la vistieron de fiesta.
Aprendí a decir "amigo" en polaco: "przyjaciel". Suena muy lindo y musical. Me lo enseñó una colega polaca -Bárbara, secretaria de redacción del semanrio Idziemy- con la que convivimos estos beatíficos días romanos en los que compartimos chocolates, chianti e internet alternativamente y nunca en ese orden.
Estos apuntes un poco desordenados quizás también sean testimonio del desorden natural con el que se presenta la amistad.
Este acontecimiento tomó de sorpresa a muchos peregrinos que han hecho grandes esfuerzos económicos por llegar hasta aquí. Tanto la vigilia previa como la celebración propiamente dicha fueron momentos en los que la gente pudo expresarse en público sin pudores, mostrando su fe con actos concretos que vivió el mundo a través de los medios de comunicación que tanto amaba el nuevo beato.
El periodismo fue un factor determinante para que esta beatificación pudiera llegar "urbi et orbi" junto con las redes sociales las que con su instantaneidad y facilísimo acceso fueron aliadas indispensables de los cuales ya no vamos a dudar jamás tanto de su efectividad como de su capacidad de informar.
El mundo tiene un beato bueno.
El pueblo venera en público a un amigo.

Desde Roma, Virginia Bonard, para el Portal de OCLACC
2 de mayo de 2011